Computadoras cuánticas: ¿cuánto consumen realmente?

Imaginar una computadora cuántica como una versión más poderosa de tu laptop es tan impreciso como usar una turbina de avión para inflar globos. La computación cuántica no está diseñada para tareas cotidianas como revisar el correo o editar documentos; su propósito es enfrentarse a desafíos matemáticos y científicos que desbordan las capacidades de los ordenadores clásicos.
Entonces, ¿cuánta energía consume una computadora cuántica? Aunque la cifra varía según la tecnología y el diseño, actualmente puede requerir hasta 20.000 vatios para funcionar. En comparación, un portátil promedio consume unos 60 vatios, más o menos lo mismo que una bombilla incandescente antigua. La diferencia es enorme… pero también engañosa.
El alto consumo no viene del cálculo
A pesar de lo que se podría pensar, el verdadero gasto energético de una computadora cuántica no está en sus cálculos, sino en lo que necesita para poder calcular. Los cúbits las unidades fundamentales de información cuántica son extremadamente sensibles. Para mantenerlos estables y funcionales, es necesario enfriar el sistema casi hasta el cero absoluto (unos -273°C), una tarea que requiere una compleja infraestructura de refrigeración criogénica.
Además, estos sistemas necesitan mecanismos de control precisos que consumen energía constantemente, incluso cuando no están ejecutando operaciones. Por si fuera poco, debido a la fragilidad de los cúbits, se necesitan muchos de ellos solo para mantener estable uno que funcione correctamente. Esto implica una infraestructura masiva para realizar cálculos relativamente pequeños.
¿Ineficientes? Por ahora sí
Actualmente, las computadoras cuánticas son lentas, cometen errores y gastan mucha energía. Resolver un problema simple en una computadora cuántica puede demorar más y consumir mucho más que en un computador clásico. Pero esto no las hace inútiles: simplemente aún no han llegado a su etapa de madurez.
La tecnología está en fase experimental. Lo que hoy se ve como un derroche energético podría volverse insignificante cuando estas máquinas puedan abordar tareas que ninguna computadora convencional puede ni siquiera intentar.
La promesa de lo exponencial
Mientras que en un sistema tradicional el rendimiento aumenta de forma lineal al añadir procesadores, en el mundo cuántico sucede algo radicalmente distinto: el poder crece exponencialmente con el número de cúbits. Por ejemplo, con 5 cúbits se pueden representar 2⁵ estados simultáneamente. Pero si se logran controlar 10 cúbits, se manejan 2¹⁰ estados; y con 50, la cifra asciende a más de un cuatrillón de estados posibles.
Esa capacidad tiene el potencial de revolucionar áreas como la investigación médica, la inteligencia artificial, la criptografía o la exploración de materiales.
Una cuestión de propósito, no de consumo
Cuando la tecnología cuántica alcance su madurez es decir, sea capaz de corregir errores de forma interna y tenga sistemas más eficientes su consumo energético bajará, pero incluso si no lo hace, no será un obstáculo real. ¿Por qué? Porque resolverá problemas de alto impacto para los cuales hoy necesitaríamos siglos de cómputo tradicional.
Comparar el consumo de una computadora cuántica con el de una tradicional es como preguntarse cuánta gasolina gasta un cohete comparado con una motocicleta. Son tecnologías para propósitos completamente distintos.




