Cumpliendo promesas

Es innegable que las formas del presidente Abelardo de La Espriella, pueden no ser las más esperadas. Sin embargo, también es innegable que, para quienes tenemos fe en su gestión y esperamos resultados de su mandato, estas ‘formas’, terminan siendo esperanzadoras.
Después de escuchar que, en el gobierno anterior, la corrupción estuvo a flor de piel y se perdieron recursos por más de 45 billones de pesos, representados en los carrotanques de la Guajira, contratación excesiva e innecesaria del Estado, pérdida de operatividad de las FF.MM y hasta adquisición de nuevas deudas con intereses mucho más altos que los existentes, sumado al deterioro que logró de entidades como Ecopetrol, encontrar que llega un mandatario que pone freno, al menos, a algunas de esas malas prácticas, hace que en Colombia se sienta “un fresquito”.
Y aclaro: no estoy de acuerdo con que el presidente esté nombrando y ‘desnombrando’ gente. Siento que los perfiles debieron analizarse con mayor detalle antes de dar nombres a la opinión pública porque, indudablemente, eso deja en el ambiente una percepción de improvisación. Sin embargo, considero valioso que el presidente De la Espriella sea capaz de reconocer que se equivocó al seleccionar un funcionario y rectifique el camino, eligiendo a otro que pueda hacer una mejor gestión.
Casos como el del director de Colpensiones, Carlos René Montoya, quien duró dos días en el cargo porque se presentó ante el Senado y evidenció total desconocimiento de la entidad, generan sabor agridulce. Afortunadamente, nos quedamos con el dulce, al ver que el remplazo, Beatriz Eugenia Vélez Vengoechea, tiene todo para demostrar por qué debió ser, desde el principio, la elegida.
También está el caso de Germán Miranda, quien fue nombrado el 7 de septiembre como director Nacional de Bomberos y, la semana anterior, fue declarado insubsistente, debido a que se conoció información, concretamente audios, sobre un posible tráfico de influencias junto a Bernardo Morales, capitán de Bomberos de Envigado, quien tiene un caso abierto ante la Fiscalía por presunta intermediación y cobros ilegales en un expediente judicial. Imposible que una persona que se presta para tráfico de influencias ante la justicia, dirija una entidad. No tiene presentación.
Y, aunque no lo puede retirar de su cargo por haber sido elegido popularmente, durante el fin de semana el presidente de Colombia tuvo una dura intervención ante el alcalde de Sincelejo, Yair Acuña, a quien acusó de tener «13 procesos por corrupción, un video donde indica cómo robarse el PAE (Plan de Alimentación Escolar) y está llamado a juicio por la Corte Suprema de Justicia por enriquecimiento ilícito». Es claro que aún no hay condenas, pero todos sabemos que esa cantidad de investigaciones no cursan por la ‘mala fe’ que alguien puede tenerle al señor Acuña. Es claro que, de fondo, seguramente la justicia hallará algo y deberá ser condenado. Esperemos que nuestra coja justicia llegue y se haga cargo de esos políticos que, como el señor Acuña, sólo esperan llegar al poder para quedarse con la plata de los colombianos.
Ahora, confiemos en que no sólo sea el presidente el que hace lo que corresponde para evitar la corrupción. Esperemos sea la justicia la principal aliada de este proceso y presione el acelerador para sacar de la vida política a todos aquellos que llegaron a ella para ganar más que un sueldo, porque si algo necesita este país es que, nuestros políticos, aprendan a obrar con transparencia y entiendan que, a un cargo público, se llega por convicción y espíritu de servicio, pero que la retribución es un salario justo, no los negocios que se hacen por debajo de la mesa.
Por eso y con el ánimo que el mensaje llegue a los políticos de siempre y a los nuevos, es hora de empezar a decirle a los corruptos “Bienvenidos a la Patria Milagro”.




