Opinión

El “Gobierno del Cambio” atado a las viejas costumbres

Juan David Rincón Galindo

Juan David Rincón Galindo

Comunicador Social y Periodista
Especialista en Periodismo Deportivo
Socio ACORD – Tolima
Director Tolima Online

Desde su llegada al poder, Gustavo Petro prometió romper con la politiquería, erradicar la corrupción y poner fin a la era de «los mismos con los mismos». Sin embargo, la realidad ha sido muy distinta. Su relación con personajes como Armando Benedetti, Laura Sarabia y Roy Barreras ha generado serias dudas sobre la verdadera independencia del Gobierno del Cambio y sus motivaciones para mantenerlos cerca, a pesar de los múltiples escándalos que los rodean.

La pregunta es inevitable: ¿por qué Petro se arrodilla ante ellos y no los aparta del gobierno? La respuesta parece estar en una mezcla de temor reverencial, cálculo político y chantaje implícito.

Un presidente atado a su pasado político

Petro llegó al poder con el respaldo de figuras que representan lo peor de la política tradicional. Benedetti, un hábil operador político con un largo historial de clientelismo y tratos oscuros, fue clave en su campaña. Laura Sarabia, a pesar del escándalo de las chuzadas, sigue siendo su persona de confianza. Roy Barreras, eterno camaleón de la política, garantizó el control del Congreso en los primeros meses de gobierno.

Alejarse de ellos implicaría dinamitar las alianzas construidas sobre favores y lealtades condicionales. En otras palabras, Petro no los saca porque depende de ellos.

El miedo al chantaje y las verdades incómodas

No es descabellado pensar que Petro teme lo que estos personajes puedan revelar. Benedetti, en un arrebato de ira, ya amenazó con contar cómo se financió la campaña presidencial. Roy Barreras, con su experiencia en el poder, sabe manejar los tiempos y las presiones políticas. Sarabia conoce los secretos más íntimos de la Casa de Nariño.

Si Petro se deshace de ellos, se arriesga a que destapen escándalos que podrían golpear aún más su ya debilitada imagen. En lugar de un gobierno que combate la corrupción, su administración podría terminar hundida en ella.

¿Cambio o continuidad de la politiquería?

El Gobierno del Cambio cada vez se parece más a los gobiernos que Petro tanto criticó. Las viejas costumbres siguen intactas, las promesas de campaña se desvanecen y el país observa cómo el presidente, que se vendió como un líder transformador, sigue atrapado en las redes del poder tradicional.

Lo que prometía ser una revolución política, hoy parece una simple continuidad de la politiquería de siempre.

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