Internacional

El legado transformador del Papa Francisco: un pontificado marcado por la misericordia, el diálogo y la justicia

Con la muerte del Papa Francisco este lunes, concluye un pontificado profundamente transformador que reconfiguró el papel de la Iglesia Católica en el mundo contemporáneo. Desde su elección el 13 de marzo de 2013, Jorge Mario Bergoglio —el primer pontífice latinoamericano, jesuita y que adoptó el nombre de Francisco— orientó la Iglesia hacia una misión pastoral centrada en la misericordia, la inclusión y el compromiso con los más vulnerables.

Desde el inicio, Francisco dejó claro que su papado buscaría acercar la Iglesia a las “periferias existenciales” del mundo. Apenas diez días después de su elección, protagonizó un momento histórico al reunirse con el papa emérito Benedicto XVI en Castel Gandolfo, un gesto inédito de humildad y continuidad institucional. Francisco elogió repetidamente la figura de su predecesor, afirmando que tenerlo cerca era como “tener un abuelo sabio en casa”.

Uno de los primeros actos simbólicos de su pontificado fue su visita a la isla de Lampedusa, epicentro de la crisis migratoria en el Mediterráneo. Allí denunció la “globalización de la indiferencia”, ubicando la causa de los migrantes y refugiados en el centro de la agenda eclesial y global. Este compromiso humanitario marcó su papado.

El 27 de abril de 2014 canonizó simultáneamente a Juan XXIII y Juan Pablo II, en una ceremonia que unió corrientes aparentemente opuestas en la Iglesia. Esta decisión evidenció su deseo de reconciliación interna y de construir puentes entre tradición y renovación.

En 2015, Francisco se convirtió en el primer Papa en dirigirse al Congreso de los Estados Unidos. En un discurso memorable, evocó las figuras de Lincoln, Martin Luther King, Dorothy Day y Thomas Merton, y destacó los valores democráticos y espirituales que pueden unir a una nación. El gesto fue histórico, no solo por su simbolismo político, sino por reafirmar el papel de la religión como fuerza positiva en el mundo moderno.

El Jubileo Extraordinario de la Misericordia, inaugurado en 2015 en Bangui, República Centroafricana, reforzó su énfasis en una Iglesia que va hacia los márgenes. Al abrir allí la primera Puerta Santa, Francisco desafió la tradición y dio un mensaje claro: la gracia y el perdón deben comenzar donde más se necesitan.

La histórica reunión con el Patriarca Kiril de Moscú en Cuba en 2016 marcó el primer encuentro entre un Papa y un líder de la Iglesia Ortodoxa Rusa desde el cisma de 1054. Aunque la relación se tensó tras la invasión rusa a Ucrania en 2022, el gesto inicial representó un avance ecuménico de gran relevancia.

Otro punto clave fue el acuerdo provisional con China sobre el nombramiento de obispos, una medida polémica pero pionera que buscó reconciliar a la Iglesia clandestina con la oficial, bajo el control del régimen comunista. Pese a las críticas, el acuerdo fue renovado dos veces, mostrando el enfoque diplomático de Francisco.

La respuesta del Papa Francisco a la crisis de los abusos sexuales dentro de la Iglesia fue decisiva. Creó comisiones especiales, reformó procedimientos y eliminó el secreto pontificio en estos casos. El momento más emblemático fue la reducción al estado laical del cardenal Theodore McCarrick en 2019 y, finalmente, la promulgación en 2023 de una versión definitiva del motu proprio Vos estis lux mundi, que estableció normas más estrictas de rendición de cuentas.

Durante la pandemia de COVID-19, el Papa ofreció uno de los gestos más impactantes de su pontificado: rezó solo en una Plaza de San Pedro vacía y bajo la lluvia. Su mensaje “Urbi et Orbi” en aquel momento fue un llamado global a la solidaridad, la humildad y la reevaluación del modelo económico mundial.

En marzo de 2021, se convirtió en el primer Papa en visitar Irak. Allí se reunió con comunidades cristianas perseguidas y con el gran ayatolá chií Ali al-Sistani, en un encuentro sin precedentes que reafirmó su compromiso con el diálogo interreligioso y la paz.

En 2022, presidió el funeral de Benedicto XVI con sobriedad y respeto, cerrando simbólicamente la coexistencia de dos papas en el Vaticano. “Benedicto, fiel amigo del Esposo… que tu alegría sea perfecta”, fueron sus emotivas palabras.

Uno de los últimos gestos de su pontificado ocurrió el 24 de diciembre de 2024, cuando inauguró el Jubileo 2025. Además de abrir la Puerta Santa en San Pedro, lo hizo también en la cárcel de Rebibbia, en Roma. “Quería que la segunda Puerta Santa estuviera aquí, en una cárcel”, dijo a los reclusos, reafirmando su mensaje de inclusión: “Todos los días rezo por vosotros, de verdad”.

El legado del Papa Francisco se sintetiza en su incansable defensa de la dignidad humana, su apertura al mundo y su esfuerzo por una Iglesia menos autorreferencial y más cercana a quienes sufren. Fue un líder que habló con sencillez, pero con profundidad teológica, y que dejó una huella imborrable en el corazón de millones de personas dentro y fuera de la Iglesia.

Francisco no solo reformó estructuras; reformó corazones. Su voz seguirá resonando como un faro de esperanza, misericordia y justicia.

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