El tiempo de la divinidad

La biología de cada individuo es diferente, las horas productivas no son las mismas para todos y cada uno marca sus ritmos circadianos de acuerdo a las costumbres y el ambiente en que se desarrolla. Sin embargo, hay un momento del día con menos sobresaltos, cuyos minutos son casi de paz inalterable, cielos tranquilos y sonidos serenos. Es en donde los sentidos se percatan de que ambiente es más pausado y silencioso, en donde no hay tanto alboroto.
Eso que se define como madrugar es más profundo que levantarse temprano, actuar antes, adelantarse a algo o hacer cosas antes de lo usual. Este tiempo en el que la mente está renovada y no hay interrupciones trae beneficios para la salud e incluso longevidad. Madrugar conlleva además un significado espiritual y filosófico.

No en vano las oraciones se deben hacer en la primera parte de la mañana o en el último cuarto de la noche, justo antes del amanecer, es un momento sagrado en el que la energía vital se considera más fuerte. La cultura hindú lo denomina el «tiempo de la divinidad» o «tiempo del creador».
El amanecer transmite emociones, el entorno y la atmosfera son reposados y se representa nuevamente el simbolismo de la luz, la importancia que tiene el sol en todas las culturas.
Eos, la diosa griega del amanecer, la Aurora romana, abría las puertas del cielo para que pasara el sol en su carruaje y despertaba a todas las criaturas. La mitología cuenta que sus lágrimas son las que crean el rocío mañanero. Eos, con sus dedos rosados pintaba el cielo de colores, dio a luz a los llamados cuatro vientos y su carroza iba tirada por los caballos Resplandor y Brillo, ha escuchado sobre las mañanas resplandecientes y brillantes?
Porque es jueves de volver a lo que fue…, porque hay quienes son matutinos y siempre vendrán más madrugadas, porque cada amanecer trae su propio resplandor, porque siempre habrá algunos que despierten con las alondras y otros como los búhos.