Felicidad vecina

Lo que ocurrió el fin de semana que acaba de pasar en Venezuela, es el tema a comentar en el mundo. Desde agosto, el presidente Donald Trump lanzó la “Operación Resolución Absoluta”, buscando la manera de sacar a Nicolás Maduro del poder… Y no podemos desconocer que el mundo esperaba que lo lograra.
El plan comenzó de manera tímida. Las tropas navales llegaban al Sur del Caribe con intimidación, con acercamiento, pero sin acción concreta. Fueron más de cuatro meses en los que esperábamos que algo ocurriera: que Maduro se entregara o escapara, intimidado por lo que podía sucederle o que el presidente Trump tomara la decisión de actuar de manera contundente y entrara al país, con el ánimo de liberarlo de una tiranía disfrazada de democracia que lo apabulló por décadas.
Sin embargo, como los gringos saben hacer las cosas mejor que muchos, tenían claro que solos y “a sangre y fuego” no iban a lograr tanto, como si tenían un aliado interno. Y aunque nadie ha dado nombres ni las gracias, para muchos de nosotros la persona que se convirtió en la aliada de los Estados Unidos dentro del mismo régimen fue Delcy Rodríguez, la actual vicepresidenta y quien ejerce como presidenta encargada. Ella es la encargada de liderar una transición democrática y cuyo papel le evitará, seguramente, ser condenada por los Estados Unidos, debido a todas aquellas acciones indebidas que patrocinó en Venezuela.
Quizás Rodríguez no lo hizo plenamente por voluntad, quizás también hubo intimidación y, por qué no, hasta dinero. Recordemos que la cabeza de Maduro tenía un precio nada despreciable de 50 millones de dólares, no por lo que ocurría con la democracia del hermano país, sino porque Estados Unidos lo ubica como el líder del Cartel de los Soles. Y, si algo no tolera el gobierno estadounidense es el narcoterrorismo, que es la unión de sus dos más grandes enemigos que le quitan el sueño, porque en el tiempo, le ha costado ponerles freno.
Además, tampoco podemos desconocer que Nicolás Maduro Moros, ese hombre salido de un bus de transporte público al redil chavista, que nunca tuvo ni buscó la oportunidad de formarse para conducir un país y quien no se ha caracterizado por su inteligencia o capacidad, de manera pública retó al presidente Trump: “Aquí lo espero en Miraflores, cobarde”, le dijo a los gritos y sin ningún tipo de miramiento. Y es que nadie reta así al verdadero jaguar sin ver consecuencias.
Es cierto que el principal interés de los Estados Unidos puede estar en el petróleo que aún debe tener el suelo venezolano, pero poner “tatequieto” a las drogas de los carteles y a la financiación del terrorismo, es una medida que favorece al mundo entero y ese ‘servicio social’, no dejará de prestarlo el gobierno americano, porque le ayuda a él y a todos. Aportar en la reducción del flagelo de las drogas se retribuye para el gobierno americano en una menor inversión gubernamental en salud debido a que, si hay menos adictos, es menor la cantidad de personas en procesos de desintoxicación y rehabilitación, obligación del gobierno.
A pesar de todo esto, de todas estas razones de por qué la operación estadounidense fue tan importante, la izquierda en nuestro país se queja por lo que pasa en Venezuela, argumentando que fue violada la soberanía nacional y que son los venezolanos quienes deben resolver sus situaciones internas. Acaso, ¿no violó Maduro la soberanía del país, cuando desconoció las elecciones del 28 de julio de 2024, en las que se eligió a Edmundo González Urrutia como presidente? Y esa es la elección de la que tenemos registro, gracias a una tarea juiciosa de recopilación de actas que se hizo por parte de los opositores y que fueron presentadas ante el mundo. Falta ver qué pasó en las elecciones anteriores, de las que no hay registros confiables. ¿Acaso no ha violado la izquierda venezolana la soberanía nacional, cuando ha puesto a cuanto opositor se le ocurre, tras las rejas?
Los venezolanos en esa elección de 2024, demostraron estar listos para dejar los gobiernos socialistas empobrecedores, que se han dedicado durante más de dos décadas, a acabar con toda la riqueza del ‘bravo pueblo’. Esa misma riqueza que, curiosamente, se ha incrementado en las arcas de María Gabriela Chávez, la hija más reconocida de Hugo Chávez Frías, quien, según dijo en 2015 Diario Las Américas, posee más de 4000 millones de dólares en sus cuentas bancarias de Andorra y Estados Unidos. Y ni qué decir de la riqueza de Maduro y Cilia Flórez, su esposa, quienes, según el Nacional, amasan una fortuna cercana a los 3800 millones de dólares, gracias a su capacidad de manejar las arcas del Estado venezolano, porque sí hay que ser claros en algo: los socialistas no se caracterizan por su fortaleza para el trabajo y la producción.
Pero, no es sólo lo que ha pasado a los bolsillos de algunos ‘manilargos’. También es el abuso en que se ha incurrido con las arcas venezolanas, al tener que sostener a las Fuerzas Militares que protegen al presidente, aun cuando no se tiene con qué, porque recordemos que fueron los mismos gobiernos socialistas los que acabaron con el petróleo, con PDVSA y, tal como ocurre en Colombia con Ecopetrol, fueron incapaces, porque eso es lo que más son, de liderar una transición que evitara la descapitalización del país. Acabaron con la ‘gallina de los huevos de oro’ pero, sin miedo, la saquearon primero.
Ahora, lo que le espera a Venezuela es la transición, que no será fácil y que también traerá inconvenientes, como todo cambio. Pero es mejor el cambio que permita la tranquilidad de saber que este oscuro pasaje terminó; que Venezuela poco a poco, vaya recuperando su verdadera soberanía, esa que, en los años 90, la hacía una de las naciones más prósperas del continente. Es hora de retomar las actividades que permitían ingresos y de contar con gobernantes cuyo principal interés sea el país y el pueblo que lo compone, no tener sólo sus bolsillos llenos. Se acerca el momento para que, aquellos que tuvieron que exiliarse de su país por falta de oportunidades, retornen a él para reconstruirlo.
Esperemos que Delcy Rodríguez se comporte a la altura de lo acordado y permita una correcta transición. Que el pueblo esté listo para que, cuando lo llamen a elecciones, salga masivamente a las calles y reelija a González Urrutia o a María Corina, quien seguramente ya podrá participar en democracia como Venezuela espera. Nadie puede negar que son ellos dos, los verdaderos artífices de este triunfo.
Confiemos en que Estados Unidos se mantendrá cerca, mientras Venezuela retoma sus riendas. Su apoyo es invaluable para lograr que todo se dé de la manera correcta, porque los militares venezolanos seguro son chavistas en su mayoría, lo que pone en peligro la transición. Llevan muchos años viviendo del y para el régimen, lo que los debe poner a dudar sobre cuál va a ser su futuro cuando un nuevo gobierno entre y será sólo la presencia de un gobierno fuerte, la que los ayude a entender cuál es el camino correcto.




