Cultura

Fin de año

Luis Carlos Rojas García

Luis Carlos Rojas García

Escritor

Los buenos propósitos campean en las mentes y en las bocas que, inútilmente, hablan de un cambio, sin darse cuenta que nada cambia y se sigue haciendo lo mismo una y otra vez.

¡Cuánta miseria hay en esos pensamientos que suelen poner sus propósitos de vida en las manos del año nuevo!

¿A caso el cambio en el ser y el existir tiene que ver con las campanadas de un reloj sonado a las doce de la noche?

Como siempre, se suele poner la responsabilidad en el otro, bien sea en alguien de carne y hueso o en esos seres creados a imagen y semejanza nuestra para poder pecar, rezar y empatar al mismo tiempo.

Por esta razón, no es raro ver a unos y otros repitiendo lo mismo año tras año, hablando sobre lo que no hicieron en los 365 días antes y en lo que supuestamente harán en los posteriores, sin tener la más mínima claridad de que lo perdido no regresará.

Sí, el tiempo que se agota y que se va como el agua entre los dedos o la misma arena, es irrepetible; sin embargo, en el fin de año los inmorales lo vuelve a hacer, lo vuelven a planear y como si de basura se tratase, echan a la cesta la vida misma que desperdiciaron entre el ruido y el absurdo, entre el chisme, el procrastinar, el prometer que lo que pueden hacer hoy mañana lo harán.

El espectáculo comienza y ahí los vemos y escuchamos tratando inútilmente de engañarse a sí mismos con palabritas y abracitos que son como las babitas de Rafael, no del sujeto aquel de las malas mañas no, me refiero al artista cuya obra se inmortalizó después de muerto o que lo diga Amarilla si no me creen.

Como sea, dan risa y algo de pena estos mimos, amos y señores de la farsa, maestros del maquillaje y la máscara que tarde o temprano caerá.

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