La Ruta

La ruta comenzó a hacerse cada vez más estrecha para los enamorados que, ingenuamente, se extraviaron en la rutina de los días y en el sin sabor que causa el amor cuando no es más que una emoción del momento.
La ruta comenzó a asfixiarlos poco a poco y lo que es peor, ni siquiera se dieron cuenta; por el contrario, como les suele suceder a esos amantes infantiles que utilizan la imaginación para crear absurdos prototipos de mundos perfectos, de sexo que se desborda cual si fuese un volcán en erupción y que en medio de su éxtasis piensan que eso es amor, se enterraron vivos y por más que lo intentaron ya no hubo remedio ni solución.
La verdad sea dicha, probaron con todo, primero con excusas, con dolores y trabajos imaginarios; con reuniones y visitas a familiares sin necesidad, cualquier cosa que les sirviese para no estar juntos y afrontar que la ruta se los estaba tragando era suficiente para este par de infelices que, como era de esperarse, terminaron peor que cuando empezaron.
Nadie sabe a ciencia cierta quién decoró la ruta para ellos; de hecho, nadie sabe quién decora la ruta para todos esos amantes que mueren en el intento de serlo. Sin embargo, causaba algo de hilaridad y hasta de ansiedad, al escucharlos decir que juntos vencerían al tiempo, a la rutina, a los malos entendidos, a los gritos y a toda la mierda que se suele crear cuando no se hacen las cosas bien, cuando no se sanan las heridas y todo se deja en manos de Dios o como algo que tiene que ver con la misma suerte.
Así que no lo olviden, la ruta no perdona y eso es algo que ustedes mis queridos neófitos, hambrientos de amor, lujuria y placer deben saber. Una vez en la ruta no hay marcha atrás y depende de cada uno intentar llegar al final.
Les deseo suerte, porque no exagero, la van a necesitar.




