Opinión

La víctima

Adriana Bermúdez

Adriana Bermúdez

Creyente en que con la verdad, todo se puede. Comunicadora social, Magíster en Administración.

El lapsus de Íngrid Betancourt en el debate realizado por la Universidad Sergio Arboleda con el diario El Colombiano, preocupa. No sólo por lo que dijo cuando explicó que “las mujeres que se hacen violar, se hacen violar por gente muy cercana a la familia o se hacen seguir por delincuentes…”, preocupa también la explicación que entregó a algunos medios, diciendo que “tiene dos idiomas en la cabeza” y preocupa, aún más, cuando muestra su indignación en su cuenta de Twitter por los rechazos a su comentario del debate, diciendo “… obviamente eso no fue lo que quise decir. Se sacó de contexto. Esto demuestra que se acusa tantas veces a la mujer de ser culpables de las agresiones de las cuales es víctima que se da por hecho que hasta una mujer pueda pensarlo”, presentándose nuevamente como la víctima.

Todo alrededor de este hecho está mal. El lapsus, como ella llama a lo dicho, ni siquiera fue reconocido como tal por ella misma durante el debate, fue la exposición de los medios la que la alertó, lo que me pone a pensar ¿dónde estaban sus asesoras durante el debate? ¿Armando una nueva campaña disruptiva? ¿Por qué nadie intervino para hacerle ver su error? ¿Por qué ella no lo notó? La he visto y escuchado en diversas entrevistas y nunca tuvo un traspié de semejante calibre… Su explicación en medios de este suceso es casi tan deprimente como el lapsus mismo. Eso debe ocurrirle porque viviendo en Francia, con sus hijos franceses y en medio del devenir parisino, reflexionar en español no debe ser su prioridad. Y si eso le ocurre en campaña, ¿por qué habríamos de elegirla Presidente de nuestra República si ni siquiera acercarse a nosotros es su prioridad y solo aparece por estos rumbos como si fuera un año bisiesto? Pero aún más graves, son los argumentos que dio a través de su cuenta de Twitter, culpando a quienes la escucharon de malinterpretarla y retomando su papel de víctima, buscando empatía en esas mismas mujeres, a quienes acusó de ser responsables de lo que les pasaba.

De Íngrid Betancourt puedo decir que la considero una mujer clara en sus propuestas (sabe qué propone y para qué lo propone, hay que revisar si puede conseguirlo); es, indiscutiblemente, una mujer coherente en sus acciones, como lo demostró con su retiro de la Coalición Centro Esperanza cuando evidenció que algunas maquinarias apoyarían a Alejandro Gaviria; pero lo que no entiendo de ella es su interés en permanecer siendo la víctima. ¿Por qué no reconoce que se equivocó, por los motivos que fuera y ya? ¿Por qué tiene que darle la vuelta a todo y ponerse en el centro trágico de la situación, buscando la compasión de las mujeres a quienes maltrató con sus palabras?

El camino político que decidió cruzar Betancourt no es fácil, eso es claro, pero tampoco saldrá victoriosa de él si no redefine su estrategia de comunicación. Y cuando hablo de “victoriosa” no me refiero a que sea elegida Presidente, porque no creo que eso suceda, pero sí debe enfocarse en saber llegar a los colombianos con argumentos y propuestas, no con show, reclamos y demandas, lo que le dejará, no solo fuera de la arena política, sino en el rincón menos querido del corazón de los colombianos, imposibilitando que el día que quiera, pueda realmente, regresar a vivir a nuestro país y servirle.

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