Opinión

No todo es lo mismo: dictadura, democracia y los límites de la fuerza

Juan David Rincón Galindo

Juan David Rincón Galindo

Comunicador Social y Periodista
Especialista en Periodismo Deportivo
Socio ACORD – Tolima
Director Tolima Online

En el debate político latinoamericano suele caer con facilidad la tentación de meter a todos los gobiernos en el mismo saco. Sin embargo, hacerlo no solo es impreciso, sino peligroso. El caso de Nicolás Maduro y el de Gustavo Petro ilustran con claridad por qué no todo vale lo mismo ni admite las mismas respuestas, especialmente cuando se habla de acciones militares extranjeras.

Nicolás Maduro encabeza un régimen que, para amplios sectores de la comunidad internacional, dejó hace tiempo de ser democrático. Elecciones cuestionadas, persecución a la oposición, control de los poderes públicos y denuncias reiteradas de violaciones a los derechos humanos configuran un cuadro propio de una dictadura. A esto se suman señalamientos internacionales que lo vinculan, presuntamente, con redes del narcotráfico. En ese contexto, no sorprende que Estados Unidos, bajo el liderazgo de Donald Trump, haya optado por una operación militar de extracción contra un presunto delincuente ligado a ese entorno. Se puede discutir si fue acertada o no, pero ocurre dentro de una lógica geopolítica que Estados Unidos ha aplicado históricamente frente a regímenes considerados hostiles o criminales.

El caso colombiano es radicalmente distinto. Gustavo Petro podrá no gustar, y es legítimo criticar su gestión, su discurso o sus políticas. Yo mismo no soy partidario de su gobierno. Pero hay un hecho que no se puede borrar por afinidades ideológicas: Petro fue elegido democráticamente en unas elecciones libres, con observación internacional y reglas claras. Es el presidente legítimo de Colombia.

Plantear, siquiera como hipótesis, una operación militar extranjera contra un mandatario electo no solo sería una violación grave de la soberanía nacional, sino un precedente nefasto para toda la región. Significaría que cualquier desacuerdo político podría resolverse por la vía de la fuerza, anulando el principio básico de la democracia: que los gobiernos se cambian con votos, no con fusiles.

Criticar a Petro es válido; desear su derrota electoral también. Lo que no es una buena idea —ni moral, ni jurídica, ni políticamente— es equipararlo con un dictador y justificar escenarios de intervención militar. Confundir democracia con dictadura no solo empobrece el debate: abre la puerta al caos. En política internacional, como en la vida, no todo es lo mismo, aunque a algunos les convenga fingir que sí.

Artículos relacionados

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba
  • https://virtual4.emisorasvirtuales.com:8190/live
  • Tolima Online