Policías se entrenan como baristas para promover el café de origen

En un inusual pero inspirador giro de vocación, cinco policías del departamento del Tolima están aprendiendo a extraer aromas y sabores, en lugar de perseguir delitos. Procedentes de municipios con fuerte tradición cafetera como Rovira, Ambalema y San Luis, así como de territorios turísticos como Honda y El Espinal, estos uniformados participan en un programa piloto que busca posicionar al café especial como emblema regional, incluso dentro de las instituciones públicas.
La iniciativa, impulsada por la Gobernación del Tolima, busca entrelazar cultura, seguridad y desarrollo rural a través de la formación en barismo, catación y métodos de preparación de café de alta calidad. La idea no solo es que los policías sirvan una buena taza de café, sino que se conviertan en embajadores del producto insignia del departamento.
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Café con vocación institucional
“Queremos que cada rincón del Tolima, incluso una estación de Policía, huela a café del bueno”, explicó Angélica Tovar, asesora de cafés especiales de la Gobernación. “La gobernadora Adriana Magali Matiz nos ha pedido involucrar a todos los sectores en esta cruzada por el café especial, y la Policía ha respondido con entusiasmo”.
Este proyecto, que se perfila como pionero en Colombia, apunta a que las instituciones no solo promuevan la seguridad y el orden, sino también los valores culturales y productivos que caracterizan al territorio. Así, estaciones de Policía de municipios estratégicos empezarán a ofrecer café de origen tolimense a visitantes y ciudadanos, como una forma de estrechar lazos y enaltecer el trabajo de los caficultores.
La taza como puente comunitario
Según el coronel Libardo Ojeda, comandante de la Policía del Tolima, esta formación representa una forma distinta de acercarse a la comunidad. “El café nos ofrece una oportunidad para conectar con la gente desde otro lugar, desde lo cotidiano, desde el gusto compartido por un producto que nos representa como región”.
Los uniformados están aprendiendo a distinguir perfiles de sabor, dominar técnicas de extracción y reconocer las características sensoriales del grano cultivado en sus propias montañas. Una vez terminen su capacitación, podrán seguir profundizando en la Escuela Regional del Café, ubicada en El Líbano, una de las zonas cafeteras más emblemáticas del país.
Un modelo que podría escalar
Aunque el proyecto apenas inicia con cinco participantes, la visión es ambiciosa. El programa busca convertirse en un modelo replicable en otras instituciones y departamentos. “Estamos demostrando que el café especial no es solo para baristas o cafeterías gourmet, sino que puede ser una herramienta de identidad institucional, de orgullo local y de desarrollo económico”, añadió Tovar.
En un departamento que exporta calidad en cada grano, iniciativas como esta abren nuevos caminos para que el aroma del café no solo sea parte del paisaje rural, sino también una seña de identidad en los espacios urbanos, oficiales y cotidianos.





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