¿Por qué existe la pobreza? (Para Lucy)

—¿Por qué crees tú que hay pobreza? —me preguntó Lucy Urzola Capella, compañera del grupo de dirigencia Eco Región Caribe, hace un par de semanas.
—Bueno —le dije, mientras pensaba mi respuesta—, yo creo que la pobreza se debe a que no hemos sido capaces de organizarnos ni social ni económicamente para que todos los individuos podamos descubrir y desarrollar nuestros talentos. Por el contrario, estamos organizados —desde la escuela, por ejemplo— para desarrollar solo algunos de ellos, como el talento para las matemáticas. Muchos apenas lo intentan.
Otros talentos, como el artístico, han sido relegados a lugares menos importantes. Todo esto resulta no solo en que para el artista sea más difícil desarrollarse, sino, además, vivir de su arte de una manera digna. El arte no ha ocupado un lugar preponderante ni en la sociedad ni en la economía. La situación es distinta para el ingeniero, a pesar de que, en el fondo, ambas disciplinas son igual de importantes para el desarrollo de la sociedad y para la vida.
Esta tendencia a privilegiar ciertos talentos humanos se puede observar de muchas maneras. A un estudiante que quiere convertirse en médico, por ejemplo, se le exige una puntuación desproporcionadamente alta en matemáticas, como si la comprensión del cuerpo humano y su interacción con el entorno —o la habilidad para operar un corazón u otro órgano— dependieran únicamente de cálculos matemáticos. Pero no es así: para todo ello se requiere, ante todo, un gran interés, así como una gran capacidad de observación y compasión, cualidades que no se miden en un examen de matemáticas.
Al médico le otorgamos una valoración desproporcionada frente al artista; ignoramos que el arte desempeña un papel fundamental en la salud emocional, psicológica y física de las personas. Si estuviéramos organizados de otra manera, con seguridad padeceríamos menos enfermedades.
Yo creo —le estuve explicando brevemente a Lucy— que, si estuviéramos organizados para que todos pudiéramos descubrir y desarrollar nuestros talentos, además de llevar vidas realizadas individualmente, cubriríamos la totalidad de las necesidades humanas y viviríamos en equilibrio entre nosotros y el resto de la naturaleza. Ese fue el caso durante miles de años, antes de que la cultura jerarquizara, de manera equivocada, todo cuanto existe en este planeta.
La pobreza, para mí, no es el resultado de la escasez de recursos, como planteaban los economistas. La escasez es, más bien, el resultado de habernos organizado social y económicamente bajo dos paradigmas equivocados: la idea de que algunos seres humanos nacen con mejores capacidades que otros y la creencia de que los seres humanos somos los amos de la naturaleza. Estas ideas llevan a crear grupos de personas que, supuestamente, son menos capaces, a quienes se les pagan salarios más bajos; a menudo se les explota o se les considera una carga que hay que mantener. Lo mismo sucede en nuestra relación con el resto de la naturaleza, a la cual también abusamos.
—Escribe un artículo —me dijo Lucy cuando terminé mi respuesta.



