Quedó igual o peor

A pesar de que el presidente de Colombia se encuentra en España haciéndonos pasar penas ajenas, al demostrar que no tiene la más mínima idea sobre protocolo, al pretender saludar de beso a la reina Letizia durante la recepción en el Palacio Real del Alcázar de Sevilla, en nuestro país seguimos atentos a las noticias sobre el aparente golpe de estado que el excanciller Álvaro Leyva, tuvo la intención de dar al Gobierno que, con tanta vehemencia, defendió.
Porque sí hay algo que es cierto: aunque muchos no estamos conformes con el gobierno progresista de Gustavo Petro, básicamente, porque ha demostrado ser incompetente y bastante mediocre, eso no significa que estemos buscando que se corte su mandato, por el contrario, queremos que termine el 6 de agosto de 2026 y, que sea la historia, la encargada de contar qué tan bueno o tan positivo, fue para el país.
Cortar el mandato, sea porque al presidente le ocurra algo o porque se lleve a cabo un golpe de Estado, sólo sería ‘caldo de cultivo’ para sus seguidores, quienes encontrarían mayor fuerza en la frase “No lo dejan gobernar”, creada a pesar de que el presidente Petro cuenta con todas las garantías para hacerlo, como lo evidencia su llegada al poder y la permanencia en éste, a pesar de que demuestra a cada paso, su total desconocimiento sobre la manera correcta de hacerlo. Pobre Colombia.
Hoy, escuchar sobre las intenciones de Álvaro Leyva, sorprende. Sobre todo, porque parecía muy cómodo haciendo parte del Gobierno ‘del cambio’ donde fue canciller y se vio envuelto en ‘entredichos’ como la licitación de los pasaportes, cuando la hoy exdirectora de la Agencia Nacional de Defensa Jurídica del Estado, Martha Lucía Zamora, lo acusó de haberse reunido junto a su hijo en París, con Juan Carlos Losada Perdomo, director de Asuntos Jurídicos Internacionales de la Cancillería, para acordar cómo se manejaría la licitación de los pasaportes. Como era de esperarse, a Zamora le fue solicitada la renuncia por parte del presidente Petro, mientras Leyva continuó en el cargo, a pesar de todas las cosas que estaban pasando y sabía.
Leyva fue inhabilitado por diez años, al declarar desierta la licitación pública para la emisión de pasaportes, lo que lo obligó a salir del Gobierno y dejar de lado los intereses que tenía puestos en él. Esto, parece, ocasionó una especie de revancha en el excanciller, al no ser reubicado en otro cargo, como había pasado con otros funcionarios. Pareciera que se sintió traicionado… Y cómo culparlo…
Sin embargo, las acciones que ha emprendido Leyva hasta hoy, lo han dejado a él tan mal parado, como al propio presidente, porque las historias con las que ha sorprendido al país, no sólo han evidenciado las falencias y fallas que tiene el Mandatario de los colombianos, también han dejado ver el resentimiento de Leyva y lo molesto que aún está, por no seguir siendo tomado en cuenta en el devenir del país. Mientras hubo torta y mermelada, supo permanecer en silencio. Apenas lo sacaron de la fiesta, decidió cantar.
Definitivamente, la estrategia de denunciar por venganza no deja a nadie como ganador del hecho.



