Historias

Reconocer la identidad Cajamarcuna

Xiomara Pineda Valbuena

Docente – Gestora Cultural

Cajamarca Tolima, es un municipio de gran riqueza agropecuaria, enmarcado en la cordillera central colombiana; con una ubicación privilegiada que lo hace paso obligatorio al occidente del país.

Fue colonizado principalmente por antioqueños y boyacenses, siendo éstos últimos, junto a los tolimenses, quienes constituyen la mayor parte de sus actuales habitantes. Por lo cual, es natural que en sus hábitos culturales prevalezca su influencia.

Aunque en épocas de fiestas, es natural encontrar grupos folclóricos entonando y danzando bambucos, sanjuaneros o guabinas, es la música campesina, de influencia cundiboyacense, la preferida por sus habitantes.  Igualmente las prácticas culturales ubican a Cajamarca, como un municipio donde la arriería y demás actividades del campo, fueron enseñadas por sus colonizadores, transmitiéndose de generación en generación, y también nutriéndose con nuevos colonos que llegan todos los años al municipio, atraídos por su tierra productiva.  Cajamarca tiene una cultura híbrida, de habitantes tolimenses con costumbres antioqueñas y boyacenses, por lo cual, muchos piensan que no tiene identidad propia.  Al contrario de esto, es importante que se entienda que es precisamente su “cultura híbrida” la que constituye su identidad y vale la pena resaltarla.

“Desde muy niño sabía, que iba a ser un buen arriero, desde que tenía 6 años, andaba con mi perrero…” dice en sus notas el grupo “Los especiales”, quienes fueran ganadores del concurso departamental de música campesina en la década de los ochentas.

En las letras de sus canciones, exaltaron sus prácticas campesinas, experiencias cotidianas y el amor por su terruño.

“a ti Anaime querido, orgullo de esta nación, hoy resaltamos tu nombre, cantando nuestro folklore…” entonan los Auténticos de Potosí al corregimiento de Anaime, demostrando que tienen muy claro que su idiosincracia se encuentra arraigada en sus prácticas cotidianas.

Estos dos grupos, ya desaparecidos, como muchos otros aún existentes, dejan en sus letras la huella de su identidad tan valiosa no reconocida, pues paradójicamente a pesar de tanta belleza artística, no ha existido una política gubernamental que promueva la difusión de la cultura campesina cajamarcuna, a pesar de que existen diferentes agrupaciones de música campesina, artesanos, concursos de arrieros; y a falta de apoyo, la música popular, no autóctona, ha ganado espacio, al igual que diferentes actividades culturales que llegan por medio de los medios masivos, que poco a poco van permeando y transformando su autenticidad.

Sin embargo, las tradiciones se mantienen arraigadas gracias a los labriegos y a gestores culturales innatos que se han preocupado por resaltarlas en sus proyectos, como Johny Ovalle Pineda (Q.E.P.D), Nohora Yolanda Rojas y más recientemente, la Corporación Cultural San Gabriel, quiénes con sus propios recursos y usando como motor el amor por sus tradiciones, se han negado a dejar morir la autenticidad de Cajamarca, aquella riqueza cultural que aún los mismos pobladores no se han percatado que poseen y con ellos prevalece la esperanza de que algún día los cajamarcunos exalten y sean exaltados por lo más bello que poseen: su identidad híbrida.

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