Opinión

REDENCIÓN

Juan Manuel Díaz

Juan Manuel Díaz

Comunicador Social – Periodista; Especialista en Derechos Humanos y Competencias Ciudadanas de la Universidad del Tolima.

Esta semana observaba en televisión uno de los tantos documentales que se han hecho sobre Luis Alfredo Garavito quien violó y asesinó a más de 300 niños en Colombia hasta su captura en 1999, y analizaba cada detalle de los entrevistados incluido al mismo Garavito quien hablaba con naturalidad. Pensaba en que este hombre antes de morir se hizo religioso y leía la Biblia, probablemente buscando el perdón divino luego de tantos crímenes. Desde luego, como cristiano, pienso que incluso aquel al que llamaban “la bestia” y quien afirmó haber hecho pacto con el diablo, pudo haber alcanzado el perdón eterno si su arrepentimiento fue sincero.

Así como Garavito, pienso en los cientos de personas que le han hecho daño a otros quizás en menor proporción. Que se han equivocado no solo violando, robando o matando, sino simplemente siendo malas personas, teniendo malas actitudes y malos tratos. Pensaba también en aquellos que algún día empuñaron las armas y hoy tratan a medias de reintegrarse a una vida civil, pero se han encontrado con personas que les discriminan, los agreden, y que no les perdonan haber hecho parte de algún grupo guerrillero. Lo cierto es que para que haya redención debe haber arrepentimiento y cambio, pero también el perdón de a quienes se ha ofendido.

Creo firmemente en las segundas oportunidades, en el perdón social y en el arrepentimiento de la gente porque eso contribuye al cambio de quienes se han equivocado. Las equivocaciones hacen parte de la construcción del carácter, pero sobre todo del aprendizaje que adquirimos todos los seres humanos a lo largo de la vida. Equivocarse no es el problema, ni ofender a otros lo es. El problema es vivir equivocado y no darse cuenta nunca o no enmendar la equivocación. Las personas necesitamos perdonar y ser perdonados, pero también necesitamos que nos den segundas oportunidades, que vuelvan a creer en nosotros, porque justamente en eso consiste la teoría de ensayo y error, y una equivocación no define la vida de nadie.

Hay a quienes les cuesta pedir perdón o en un mejor sentido: ofrecer excusas, y es entendible porque no es fácil reconocer cuando uno se equivoca. Cuando eso pasa hay un golpe al ego profundo y se puede dar a entender que hacerlo es señal de debilidad. Para mí, ocurre todo lo contrario. Ofrecer excusas, reconocer errores, y dar muestras de arrepentimiento y cambio es la única forma de alcanzar la redención en un sentido divino, pero también en el más sentido de los humanos.

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