¿Se cocina otro triunfo del Pacto Histórico?

En las últimas décadas, las elecciones al Congreso han sido un buen predictor de quién será el próximo presidente de Colombia: quien domina el Capitolio suele terminar despachando desde la Casa de Nariño.
En 2018, con 18,4 millones de votos —la cifra más alta hasta ese momento desde la Constitución del 91—, quedó claro que la llegada de la izquierda a la contienda electoral estaba agitando la participación democrática en el país.
Al final, Iván Duque y Marta Lucía Ramírez llegaron al poder con el 56%, derrotando a Gustavo Petro y Ángela María Robledo (44%). Pero detrás del resultado hubo algo más que una simple elección: una maquinaria aceitada. El Centro Democrático y Cambio Radical dominaron el Senado, mientras en la Cámara los partidos tradicionales siguieron repartiéndose el poder como si nada hubiera cambiado. Aunque Duque no era una figura conocida, resultó ser el candidato correcto en el momento correcto para quien movía los hilos: Álvaro Uribe Vélez.
El reciente estallido social impulsó los resultados de las elecciones de 2022, alcanzando niveles de participación nunca vistos. Salieron a votar más de 22,4 millones de personas en segunda vuelta, cuatro millones más que en 2018. Se venció el fantasma del abstencionismo con la conciencia de que, si queríamos que las cosas realmente cambiaran, era necesario salir a votar.
La izquierda, por primera vez, ganó. Gustavo Petro y Francia Márquez se impusieron con el 51% en una elección tan cerrada que dejó al país dividido en dos mitades. Esto era lo que habían presagiado las elecciones al Congreso, en donde el Pacto Histórico se había convertido en la fuerza más votada en el Senado, con una consigna clara: el cambio, ya no como discurso, sino como mandato de poder.
Como en toda elección, en la de 2022 también hubo castigo. El uribismo perdió terreno, Cambio Radical retrocedió y La U, que había sido bancada del gobierno Duque, se desinfló.
Ahora, en 2026, la historia no se repite… se intensifica.
La polarización ya no es un fenómeno: es el clima político permanente. Y los resultados al Congreso lo confirman sin rodeos. Hay dos grandes ganadores, dos proyectos de país enfrentados sin puntos medios:
El Pacto Histórico, que creció con fuerza, sumando 10 senadores y 16 representantes más respecto a las elecciones de 2022; y el Centro Democrático, que, a pesar del golpe de opinión que recibió cuatro años atrás, lejos de desaparecer, también resurge con 4 senadores y 14 representantes adicionales.
Aunque algunos ya dan como ganador a Iván Cepeda, la realidad es más compleja: nadie gana solo. El centro político —ese que muchos subestiman y otros llaman “tibio”— y los partidos tradicionales vuelven a ser los árbitros del poder. No convencen, pero deciden.
Las presidenciales de 2026 no serán una elección cualquiera. Serán un pulso emocional, ideológico y hasta generacional. Si en 2022 la diferencia fue de apenas un punto, esta vez el margen podría ser incluso menor.
Quien gane no heredará un país en calma, sino uno profundamente dividido. Gobernar no será solo difícil: será una prueba de supervivencia política, porque en Colombia ya no se elige solo un presidente; se elige un bando




