Opinión

Sin argumentos

En estos días hice un comentario en Facebook sobre el actuar chocarrero y acomodado a la hora de hablar de temas de Colombia del polémico periodista y escritor peruano Jaime Bayle a quien, debo reconocer, le tenía cierta admiración hace algún tiempo por su trabajo, sobre todo, por las entretenidas entrevistas que realizaba en su programa.

Bayle, no hay duda, es una mente brillante, un hombre con un léxico y un conocimiento cultural envidiable; sin embargo, su discurso al mejor estilo de cualquier enfermo ultraderechista le ha convertido en un sujeto bastante incoherente y alejado de la realidad, sobre todo cuando se refiere a Colombia.

En este orden de ideas, Bayle, pareciera que se ha contagiado por esa suerte de enfermedad cerebral que tienen la mayoría de gente que sigue ciegamente al señor tenebroso y que los lleva a balbucear todo tipo de incoherencias y a no querer ver lo que realmente está sucediendo. Si lo creen escuchen a Dávila o Vélez y se darán cuenta que tengo razón.

Pues bien, este mal, enfermedad o como se le quiera llamar, se ha convertido en la bandera de más de uno, sobre todo a la hora de dar un punto de vista o una crítica real sobre la situación que vive el país. Y aquí no me refiero solo a personajes de la talla de Bayle y otros de nivel nacional, no.

El problema más grande lo tienen los de a pie, los de común, los mismos que repiten y repiten como loros lo que este grupo nefasto como lo son los integrantes del Centro que para nada es democrático, les han puesto en la cabeza y en la boca.

Por esta razón, una vez hice mi comentario sobre lo mucho que lamentaba no ver al Bayle de antes, los ataques no se hicieron esperar. Nada raro a decir verdad ya que, hoy por hoy, todo lo que sea medianamente racional se convierte en el dedo en la llaga de este grupo de fanáticos.

En verdad es algo irrisorio evidenciar cómo este grupo político que más parece una secta influencia a unos y otros; primero, porque ni siquiera Pavlov se atrevió a tanto. Segundo, porque el discurso y la supuesta ideología de esta gente raya en lo absurdo y a veces parece mentira que la gente les siga la corriente.

Como sea, no hay duda que para estos seres humanos contagiados con lo que en verdad pareciera fuese una enfermedad, todo lo que les parezca diferente o sensato lo atacarán con eso del Castrochavismo, la mamertería, el guerrillerismo, el tal discurso de odio y así sucesivamente como tanto les gusta: sin argumentos.

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