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Tolima, en la mira de la extorsión: caficultura enfrenta presión creciente de grupos armados

El Tolima, históricamente reconocido como uno de los pilares de la caficultura nacional, enfrenta una creciente presión por parte de grupos armados que han encontrado en la extorsión una fuente sostenida de financiamiento. Así lo revela el estudio “Café, Conflicto y Extorsión: Un Análisis Cuantitativo en Municipios de Colombia”, que analizó 1.122 municipios del país.

La investigación, liderada por académicos del Politécnico Grancolombiano, señala que el departamento se ubica entre las regiones donde la coincidencia entre alta producción de café y extorsión es más evidente, junto a territorios como Antioquia, Huila, Cauca y Nariño.

Según el análisis, la rentabilidad del café continúa siendo un incentivo para estructuras criminales, que imponen cobros ilegales en diferentes etapas del ciclo productivo. En municipios cafeteros del Tolima, la extorsión se concentra en corredores rurales donde históricamente han operado actores armados, facilitando cobros por carga, por hectárea o incluso por permitir el transporte del grano.

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Aunque el departamento no registra las tasas más altas del país —como ocurre en Chocó o Meta—, el estudio advierte un comportamiento preocupante: la combinación de antecedentes de conflicto armado, economías ilícitas cercanas y rutas estratégicas incrementa la vulnerabilidad del territorio.

La investigación también destaca que la presencia de cultivos de coca en municipios cercanos puede aumentar en 3,5 puntos la tasa de extorsión, lo que convierte al Tolima en un punto clave dentro de las dinámicas criminales del suroccidente colombiano.

El impacto sobre la economía cafetera es significativo. En zonas rurales, siete de cada diez productores reciben llamadas extorsivas, aunque pocos denuncian por temor a represalias. Esta situación afecta directamente los ingresos de las familias, debilita a las cooperativas y dificulta el posicionamiento de cafés especiales en mercados nacionales e internacionales.

El estudio concluye que, a diferencia de delitos como el homicidio o el secuestro, la extorsión se consolida como el principal mecanismo de control criminal en zonas cafeteras. Por ello, recomienda fortalecer la institucionalidad rural, mejorar las rutas de denuncia y priorizar intervenciones en municipios cafeteros del Tolima para evitar que este fenómeno se consolide como un obstáculo estructural para su desarrollo económico.

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