Fútbol

Un 26 de Mayo: Mourinho puso a ‘La Orejona’ a hablar su idioma

 Juan Manuel Capera Barrero

Juan Manuel Capera Barrero

Estudiante de Comunicación Social y Periodismo

Corría un 26 de mayo de 2003. No uno normal, un día de esos que solo se viven una vez al año. Un día de final de Champions. El Arena AufSchalke se preparaba para recibir a dos equipos que, sin ser gigantes, hicieron méritos para llegar a tocar la puerta de la gloria del fútbol europeo.

Por un lado, llegaba el Mónaco. Su bandera, haber eliminado al Real Madrid de Ronaldo, Roberto Carlos y Raúl. Fuerte con un joven Evra y un implacable Fernando Morientes en la punta, que le había dado la oportunidad de consolidarse y llegar a la final del certamen más importante a nivel de clubes.

En la contraparte, el Oporto. Un oporto que hablaba totalmente portugués. 9 lusos y dos brasileros en la nómina titular. Lista de la que se destacan nombres como el de Jorge Costa, Ricardo Carvalho y por supuesto, Deco.

Al iniciar la temporada ninguna apuesta hubiera colocado a ambos elencos en la disputa final por levantar ‘La Orejona’. Pero había ingredientes especiales, condimentos y ases bajo la manga. El Porto tenía el suyo en el banco técnico. A veces para hacer historia en el fútbol, hay que ser diferente y el director técnico del equipo portugués sin duda lo era. Amado por uno, odiado por otros, pero todos con la idea en común de que no estamos hablando de cualquier director técnico cuando a José Mourinho nos referimos. Para muchos, uno de los villanos del fútbol, que a través de su inteligencia acompañada con su sinigual actitud, tenía al equipo de sus amores a un paso de la gloria.

“Mou” logró traducir sus ideas y transportarlas de su cabeza al terreno. A los 39, Carlos Alberto clavó un derechazo implacable en el ángulo superior derecho de Flavio Roma. Los portugueses se adelantaron en el marcador después de haber mostrado solidez defensiva en la primera parte. Ahora el escenario estaba dado para sentenciar las cosas.

En el segundo tiempo, el Mónaco lo buscó, lo intento y cómo es natural, se abrió. Descuadernó su defensa y la imparable maquina lusa de José Mourinho no perdonó. A los 74, Deco administró con sobriedad un centro rastrero desde la banda izquierda y definió con total tranquilizad cruzando un balón ante la mirada de Flavio y sus dos defensores centrales.

Cuatro minutos después, recién ingresado Dmitri Alenichev, aprovechó la última contra del encuentro para fulminar por tercera ocasión al portero italiano ante su salida a achicar. De esta forma el Equipo del puerto industrial, aplastó al del puerto de los lujos. El equipo más popular de Portugal, fue más efectivo que el de los príncipes de Monte Carlo y de esta forma, José Mourinho cumplió el sueño de dar una alegría en Portugal, eso sí, acompañado de 11 guerreros ´luso hablantes´

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