Historias

364 días

Diana Milena Echeverry

Comunicadora Social

Tenemos todo un año para hacerla sentir lo más sublime que existe sobre la faz de la tierra, doce meses para amarla sin descanso alguno, para llenarla de detalles simples pero inolvidables. Que irónico es pensar que, desde nuestra gestación hasta el final de nuestros días, la única persona que día y noche piensa en nosotros es nuestra madre, y nosotros en agradecimiento para tan valeroso acto solo le dedicamos un día. Un día donde sobran los detalles, regalos, palabras de amor y cosas cariñosas. Un bendito único día ¿es suficiente? Será que justifica el resto de días que la ignoramos, no le saludamos, la dejamos de lado o incluso lastimamos con palabras y actos ignorantes.

Si reflexionamos sobre esto, creo que a medida que envejecemos, nos vamos olvidando de su existencia, teniendo como prioridades otras cosas. Si mal no recuerdo de niños nos encantaba iniciar los preparativos de su día con bastante tiempo; hacíamos tarjetas, cartas, carteleras y mil cosas más, por supuesto todo en complicidad con otras personas, pero esencia eso era nacimiento puro del alma, a medida que se aproximaba la fecha nos llenábamos de más emoción y ansiedad por ver sus ojos llenos de gratitud en respuesta a nuestro esfuerzo. Ya cuando llegaba el anhelado día, toda la familia en secreto conspiraba para sorprenderla y darle un día perfecto.

¡Ay! Qué tiempos aquellos; donde la sinceridad y el amor para mamá salían sin control de nuestros poros, no hacíamos nada sin que ella supiera o sospechara, los mimos eran infinitos y nuestro corazón solo gritaba TE AMO MAMÁ.

Desafortunadamente eso quedo en el pasado hoy por hoy ya no la hacemos participe de nuestra vida, ya tenemos cosas más importantes y personas con mayor prioridad, el tiempo para ella es escaso y limitado, son lo último en la lista de prioridades, ya que, sin pensarlo en ocasiones cuando  llama o necesita de nosotros, la dejamos en espera porque hay algo más urgente, que sus cosas, ya no es tan necesario responderle, bien sea por trabajo, amor, responsabilidades o compromisos, siempre hay algo que hacer y mamá puede esperar, ella siempre espera.

Creo que el único momento donde el tiempo se detiene, nada es más importante y viajamos al pasado para recordar por qué es que ese ser es tan indispensable, es la noche antes del día de las madres, que tenemos que dejar de lado lo que hacemos para sacar pecho y escribir un lindo mensaje en redes sociales para ella.

Ahora los regalos para ella en su día esperado, ocasionalmente por no decir casi siempre, son improvisados. Nos quejamos de lo caprichosa que puede ser a veces con sus deseos, y como con soberbia absoluta se niega a recibir electrodomésticos como obsequio “sabiendo que eso le va aliviar el trabajo en casa”. No hay dinero para sus gustos, pero si invertimos mucho más en otras cosas pasajeras e insignificantes.

Ya no nos interesa decir que sin ella no somos nada y que es la esencia misma de todo en nuestra vida, hacer uso de la frase “Te amo” con ella es pecado. No es constancia visitarla, solo cuando tenemos que desahogarnos con alguien que nos entienda, y que sin importar lo que hagamos, jamás nos juzgue.

¿Cuándo vamos a comprender que no nos alcanza un día para tratarla como reina y hacerle entender que cuando no este, todo a nuestro alrededor perderá su esencia, su color y su belleza?.

No esperemos a que se vaya para hacerla el centro de nuestro universo, porque ya en su despedida ella no olerá esas flores que le lleves, no escuchara la serenata que contrates, ni mucho menos las palabras que con corazón apachurrado y lágrimas en los ojos le digas.

No aguardes por ese único día, recuerda que tienes 364 más, así que aprovéchalos… llámala siempre, amala eternamente y abrázala como nunca, porque hoy está contigo, no sabemos mañana.

Trátala siempre como si fuera tu último día.

Feliz Día Mamá 

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