Actualizar las leyes

La celeridad con que la Fiscalía resolvió el caso de Mauricio Leal es plausible y merece todo el reconocimiento. Recabar con rapidez las pruebas y poner en custodia a la persona que parecía otra víctima, muestra que cerrar un caso en tiempo récord no es imposible, obviamente, necesita que se conjuguen varios factores, pero puede lograrse. La Fiscalía tiene cómo y quiso hacerlo, eso debe celebrarse.
Lo que resulta triste aquí, es ver la manera en que el acusado manipula la ley. Se declara culpable solo para lograr una rebaja sustancial en una pena que sabe que merece, pero que buscará evadir gracias a los beneficios a los que se acogerá ahora y más adelante, porque seguramente, obtendrá mayores reducciones por buen comportamiento y quizás, estudio, permitiéndole salir en menos tiempo de la cárcel a disfrutar de la fortuna que su hermano dejó, la cual quedará en manos de sus hijos, sobrinos del fallecido, herederos naturales en esta situación, y que fue el florero de Llorente de todo este proceso.
Ver cómo se desenvuelve este caso, debería llevarnos a reflexionar sobre nuestra ley para establecer realmente, qué tan justa es y si está cumpliendo con las necesidades que como sociedad tenemos o si, por el contrario, es necesario modificarla para que se ajuste a nuestras expectativas. Debemos ser conscientes que requerimos leyes más consecuentes con las acciones delictivas, porque no es posible que condenen a 6 años de cárcel a un hombre discapacitado que, por hambre, roba un paquete de caldo de gallina de un supermercado (Leder Correa, año 2012), a Daneidy Barrera (Epa Colombia) a 22 años de cárcel por dañar una estación de Transmilenio, mientras que, a un hombre que asesinó a su madre y a su hermano por dinero, le otorguen 48 años de prisión que pueden reducirse de manera considerable por acuerdos previos con la justicia.
No soy juez, pero la cadena perpetua no suena descabellada cuando pensamos en Jhonier Leal, quien fue capaz de quitarle la vida de manera premeditada a quienes fueran sus seres más cercanos, ¿Cuál será su comportamiento en la cárcel mientras hace planes para su salida?, ¿Qué podemos esperar de él cuando termine su condena y retorne a la libertad? Como sociedad, ¿estamos en capacidad de reincorporar a una persona que asesina con sevicia a su progenitora y a su hermano, y garantizar que no será un peligro para nadie más? ¿Podrán sus hijos, los herederos, esperar con tranquilidad el retorno a la libertad de su padre, cuando lo único que a él le interesaba era poseer el dinero que a ellos les van a adjudicar?
El cambio, en el fondo, no solo debe estar en la Fiscalía, que solo resuelve el 3 % de los casos a los que se enfrenta, o en la Policía, que no es suficiente para capturar a todos los delincuentes, debemos comenzar por actualizar las leyes, que son las verdaderas responsables de que la mayoría de los criminales estén en libertad.




