Historias

Anécdota viajera: El día que me atracaron en el Sena

Annie Navia

Annie Navia

Arquitecta de profesión, viajera por vocación y soñadora a tiempo completo. Creo en el viajar como parte del aprendizaje sobre otras culturas. Escribo solo para recordar y compartir aquellas experiencias que enriquecen mis viajes y alimentan mi vida.

Era mi primera vez en Paris, y aunque viajaba sola, estaba muy contenta de poder visitar una de las ciudades más lindas del mundo.

Pero como suele suceder cuando tenemos grandes expectativas, la desilusión no tardó en llegar. La noche anterior al día del ataque, había presenciado en el metro, un hombre que iba discutiendo con su pareja, y que agredía verbalmente y de manera imponente a todo aquel que los miraba o le pasaba por el frente.

Esa noche me asusté mucho y eso me hizo mucho más precavida. Aquella mañana caminé por el centro y a medio día me compré un shawarma en la calle y una gaseosa para almorzar, pues como el presupuesto era ajustado, me salía más rentable comprar algo para llevar.

Paris Annie Navia

Atravesé entonces hacia la isla de la Cité y me dispuse a buscar un lugar tranquilo para almorzar. Tuve la opción de ir a un parque, pero mientras caminaba me encontré unas gradas que me conducían a la orilla del Sena… Era el plan perfecto: ¡clima primaveral, el rio, una rica comida, una Coca-Cola helada y yo acompañada de mi soledad! ¿Qué más podía pedir? Y lo mejor es que había gente al rededor, así que me sentía segura.

Muy tranquila descargué mi mochila y me senté a disfrutar mi almuerzo; abrí mi shawarma, destapé mi gaseosa y justo cuando me llevé el primer bocado hacia mí, siento un aire sobre mi cara, un aleteo y al tiempo un pico que me arrebata casi de la boca un trozo de carne.

Asustada (bastante asustada, a decir verdad) intenté explicarme que había pasado… y vi una paloma que se alejaba con parte de mi almuerzo. Al comprender que era lo que había sucedido, solo pude sonreír y disponerme de nuevo a comer… pero en ese preciso instante apareció de nuevo una paloma en mi comida, levanté la cara y venía otra, y más atrás otra… yo instintivamente (pero consiente de no hacer el ridículo), emprendí la huida… Sí, casi corriendo… no sabía si tapar el shawarma o darme por vencida y soltárselo a las palomas para que no me persiguieran… pero finalmente logré escabullirme y liberarme de ellas.

Por un momento me sentí protagonista de «pájaros» la película de Hitchcock, pero afortunadamente solo fue el susto.

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