Anécdota viajera: El día que me enamoré otra vez … y del mismo

Estábamos en Marruecos, un país del cual se escucha mucho hablar sobre el machismo. Los que me conocen, saben que no soporto un piropo en la calle porque eso equivale a un madrazo seguro. Pero los marroquíes si saben hacer piropos, no es que le vayan diciendo a uno: ¡mamacita rica, o, si cómo camina lo bate… y esas bobadas!!
Claro que ahora pensándolo bien… no es que entienda árabe, así que igual si podían estar diciéndolo y yo no me di ni cuenta… pero bueno, igual dejémosles el beneficio de la duda.

Sin embargo, casi siempre utilizan otro idioma para coquetearle a las extranjeras. En una ocasión iba entrando a un compartimiento de un tren, y al abrir la puerta empezaron a decir compulsivamente y tal vez motivados por la testosterona: siga, siga, ¿español? ¿English? ¿Francais? Para que les respondiera en el idioma que debían hablar… pero al instante apareció detrás mío quien era mi esposo, y ellos automáticamente se quedaron callados. En todo el trayecto no levantaron ni siquiera la mirada y era como si ahí nunca hubiera pasado nada. Y conste que Quique no es que haga mala cara, bueno, ¡por lo menos no en ese entonces!
Pero el mejor de todos los piropos y que hizo saltar mi corazón, fue cuando entramos a una tienda y un señor me mira y le dice a mi Quique: ¡100 camellos! ¡Ofreciéndole por mí, 100 camellos… wow!! 100?? (pensé yo) Mi esposo automáticamente y de manera tajante le dijo: no, ¡merci! Yo me sentía muy orgullosa por el ofrecimiento, pero más orgullosa me sentía de Quique que había rechazado tal botín por quedarse conmigo. Eso fue cómo enamorarme otra vez. Cuando llegamos a casa, muy jactanciosa le conté esta historia a la familia, los reuní a todos para que al igual que yo compartieran mi emoción de tan fiel gesto, pero cuando terminé de contar el cuento y de decir que Quique no aceptó los camellos, todos voltearon a mirarlo enternecidos… él, solo notó esas miradas en su cara y muy convencido dijo:
- ¡claro que dije que no! Pues yo si pensé: ¿qué hago yo con 100 camellos en Colombia?
Bueno, así es la vida, a veces no es la realidad, sino nuestras interpretaciones… de todos modos lo amé por un tiempo más.