Historias

Anécdota viajera: Una experiencia extrema en Tuk – Tuk

Annie Navia

Annie Navia

Arquitecta de profesión, viajera por vocación y soñadora a tiempo completo. Creo en el viajar como parte del aprendizaje sobre otras culturas. Escribo solo para recordar y compartir aquellas experiencias que enriquecen mis viajes y alimentan mi vida.

El tuk – tuk o autorickshaw, es un medio de transporte extendido en Asia. Son lo que acá conocemos como moto carro y que allá cumplen el papel de taxis o transporte de mercancía.

Estábamos en la India, era un tour organizado, así que la improvisación no hacía parte de nuestro itinerario, como lo es en los viajes independientes. Lo cual estaba muy bien en este caso, pues la India puede ser un lugar de contrastes para cualquier tipo de turista, y sentirnos guiados nos generaba tranquilidad.

Sin embargo, no podemos negar que hay otras experiencias que enriquecen nuestros viajes, y acá no fue una excepción.

Para ponernos en contexto, primero debemos mencionar algunas particularidades del tráfico en la India, pues tiene un estilo único.

Primero que todo, los pitos son siempre la música de fondo en las calles, y no se pita para que alguien no se traviese – o en el peor de los casos, porque ya se atravesó -, sino que se pita para avisarle al de adelante que se va a pasar, así que él automáticamente se hace a un lado para dar paso al que viene detrás. Allá no existen letreros que digan: “NO PITE” y al contrario existen los que dicen: “PITE POR FAVOR”.

Esto podría sonar coherente para este caso, pero la segunda particularidad es la velocidad con la que van, pues parecieran siempre ir a un ritmo apresurado, que va entre aceleres y pitos.

Lo cual produce la tercera particularidad, y es que en los cruces se producen frecuentemente embotellamientos que a simple vista parecieran no tener salida. Pero cuando menos piensas, de la manera más pacífica – sin madrazos-, ese tráfico pareciera regalarnos una lección de la propia filosofía de vida de su cultura, y es que todo fluye y sales de ahí.

Basándonos en estos 3 puntos, se imaginarán lo que significa montarse en un triciclo motorizado, conducido por alguien que lleva un afán que no comprendes y que pareciera tener más sus manos en el pito que en el mismo timón.

Debíamos ir al centro de la ciudad de Ahmedabad, pero el autocar que nos transportaba no podía entrar por sus estrechas calles, así que nuestro guía paró unos autorickshaw para que nos trasladará hasta allá.

Íbamos unos 4 por motocarro, así que la estrechez era el único cinturón de seguridad con el que contábamos. El chófer conducía tan rápido que escasamente podíamos observar algo; y a pesar de la velocidad se acercaba en línea recta hacia otro vehículo, como si fuera a chocar contra él, y sin frenar le pitaba para que se quitara, mágicamente éste se abría para que nosotros continuáramos el camino. Al tomar una curva no había desaceleración, así que solo esperábamos a que la fuerza de gravedad nivelara de nuevo nuestro carro y que sus llantas tocaran de nuevo el piso.

Al contarlo pareciera una danza sincrónica en medio del tráfico, y tal vez lo sea, solo que no al ritmo de estas palabras lentas, sino a una velocidad donde la adrenalina se le despierta al más valiente y la oración al más agnóstico.

Montar en tuk-tuk termina siendo una experiencia tanto extrema como emocionante, no solo por compartir una vivencia local, ¡sino de la alegría que te produce llegar vivo a tu destino!!

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