Clima loco

El Tolima vive una paradoja climática que duele. Por un lado, el fenómeno de El Niño más intenso en 76 años nos está secando. Por otro, las lluvias de los últimos días nos están inundando. ¿Cómo puede pasar lo mismo al tiempo? Esa es la pregunta que hoy se hacen miles de tolimenses.
Los datos son claros. Según Cortolima, en los primeros 20 días de septiembre solo llovió el 23% de lo normal. El IDEAM advierte que El Niño seguirá fortaleciéndose hasta finales de 2026, con 75% de probabilidad de ser el más intenso desde 1950, y podría extenderse hasta marzo de 2027. El famoso meteorólogo colombiano Max Henríquez lo resumió: “Lo peor del fenómeno del Niño está comenzando apenas”.
Y sin embargo, llovió. Y llovió fuerte en las últimas horas.
Más de 400 familias en Rovira, Cajamarca, Natagaima, Roncesvalles y San Luis sufrieron por las precipitaciones de los últimos días.
Esta no es una contradicción, es la nueva normalidad del cambio climático: menos lluvia en total, pero más violenta cuando cae.
La UNGRD lo advirtió en su Circular 085 del 18 de septiembre: tendremos una segunda temporada de lluvias más débil por El Niño, pero no exenta de peligro. El riesgo es mayor precisamente en los territorios quemados: sin vegetación, el suelo no absorbe, y lo que antes era lluvia bienvenida se puede convertir en crecientes súbitas, deslizamientos y avalanchas.
Pasamos de 60.000 hectáreas incineradas a suelos desnudos que no pueden recibir agua. Del fuego al lodo en una semana.
La naturaleza nos está hablando en dos idiomas: el del fuego y el del agua. Y nos toca aprender a escucharla antes de que sea demasiado tarde.



