A propósito del Día de la Biblia: ¿dónde deberían estar nuestras prioridades?

En días pasados, la senadora Sara Castellanos, del partido Salvación Nacional, presentó un proyecto de ley con la propuesta de declarar el 31 de octubre como el Día Nacional de la Biblia en Colombia. Dicho proyecto ha abierto una discusión en torno a la relación entre religión y Estado en el país.
Más allá de ese debate de la opinión que tengamos sobre la Biblia —creo que nadie desconoce su influencia en nuestra forma de vida—, yo me pregunto qué importancia tiene este asunto en la coyuntura actual del país como para convertirlo en un debate nacional. O, para empezar, en un proyecto de ley. Me pregunto si es conveniente abrir esta discusión en medio del actual clima de polarización y de la situación socioeconómica de la nación.
Recordemos que, desde el plebiscito por los acuerdos de paz de 2016, pasando por las elecciones presidenciales de 2018 y 2022, en Colombia se ha consolidado una fuerte confrontación entre sectores de izquierda y derecha.
Dicha confrontación tiene un componente altamente emocional que dificulta el debate político. Hoy en día es frecuente que la discusión se centre en descalificar al adversario, cuestionar su legitimidad e, incluso, atribuirle intenciones perversas, en lugar de girar en torno a la búsqueda de soluciones para los problemas que enfrentamos, que no son pocos ni menores.
BBVA Research proyecta un déficit fiscal del Gobierno Nacional equivalente al 7,4% del PIB para 2026 y al 8,1% para 2027.
Esto significa que el Estado está gastando considerablemente más de lo que recauda y necesita financiar esa diferencia mediante endeudamiento y otras fuentes.
El problema no es solamente cuánto debe el Estado, sino cuánto espacio le queda para financiar inversión social, infraestructura, educación y salud sin comprometer la estabilidad económica. Este no es un problema menor.
¿Realmente hay tiempo para discutir este asunto de la Biblia cuando hay temas tan complejos como este?
Según los indicadores de Colombia Macro, con datos del DANE, el país registra una informalidad laboral del 54,8% para el trimestre terminado en agosto de 2026.
Es decir, más de la mitad de los trabajadores no cuenta necesariamente con las condiciones de protección y estabilidad asociadas al empleo formal. Esto es muy grave y constituye uno de los grandes problemas estructurales del país: tener trabajo no siempre significa tener ingresos suficientes, seguridad social y estabilidad económica.
Los problemas, como ya lo dije, no son pocos ni menores.
Hay más. Según el DANE, en 2025, el 28% de la población vivía en pobreza monetaria y el 9,6% estaba en situación de pobreza monetaria extrema. Aproximadamente 14,45 millones de personas se encontraban en situación de pobreza. La pobreza rural alcanzaba el 39,5%, frente al 24,6% en las cabeceras municipales.
Una de las situaciones que más lamento se presenta en el Chocó. En este departamento, donde la pobreza monetaria asciende al 65,3%, los niños, niñas y adolescentes enfrentan graves problemas de salud mental que, trágicamente, se han traducido en un número creciente de suicidios. Pasando de 55 en 2021 a 123 en 2025.
¿Cómo es posible que no estemos hablando de la calidad del cuidado, la educación y los entornos en los que crece esta población con el mismo empeño con el que discutimos el Día Nacional de la Biblia? Yo no lo he visto por lo menos.
A mi parecer, este sí debería ser un asunto de interés y debate nacional.
Hay una situación más a la que me gustaría referirme de manera especial. Según la Defensoría del Pueblo, en nuestro país, las actividades de cuidado representan cerca del 20% del PIB. Sin embargo, las mujeres realizan el 76% del trabajo de cuidado no remunerado.
La desigualdad económica no se explica únicamente por los salarios o las oportunidades laborales. También tiene que ver con quién asume las responsabilidades domésticas y de cuidado dentro de los hogares.
¿Por qué no estamos hablando con el mismo interés tampoco sobre este asunto? ¿Por qué, en lugar de un Día Nacional de la Biblia, no promovemos una ley que reconozca económicamente el trabajo de cuidado? Podríamos pensar en mecanismos de reconocimiento tributario, transferencias directas u otras formas de compensación que permitan generar ingresos para las mujeres que dedican buena parte de su vida a estas labores.
En últimas, ¿qué estamos poniendo en el centro de nuestras prioridades como sociedad? ¿Qué estamos haciendo para atender las necesidades más urgentes y los asuntos de fondo?
No se trata de desconocer o cuestionar la importancia cultural de la Biblia. Se trata de preguntarnos si, en las circunstancias actuales del país, esta iniciativa legislativa merece ocupar nuestra atención y nuestros esfuerzos.
Porque, mientras discutimos si debemos declarar un día nacional para celebrar un libro que ya tiene una enorme influencia cultural, millones de colombianos siguen esperando respuestas a problemas mucho más urgentes y fundamentales. Y hay niños, niñas y adolescentes muriendo.




