El día en que ser asalariado se volvió deshonra

Lo ocurrido la semana anterior, entre un trabajador de una plaza de mercado y el representante a la Cámara Alfredo Mondragón, muestra claramente, lo que la izquierda es en nuestro país: un grupo de acomodados incoherentes que dicen luchar por los derechos de los menos favorecidos, de los trabajadores y, apenas descubren que no siguen su ideología, los discriminan y hasta se burlan de ellos, por ser lo que son: trabajadores.
Así lo hizo Mondragón en la Galería Alameda de Cali, cuando pretendió usar el lugar como plataforma política, seguramente, buscando capitalizar este espacio para la que podría ser su campaña hacia la Alcaldía de Cali. Al ver que la gente lo rechazaba, le criticaba su actuar y respaldaba al actual gobierno, decidió emprenderla contra Carlos, un hombre trabajador que atraviesa una difícil situación económica y profesional debido a que, a pesar de haber cursado una carrera, la falta de oportunidades laborales lo obligaron a prestar sus servicios como conductor. Mondragón, al darse cuenta del respaldo de Carlos a la “Patria Milagro”, decidió burlarse de él y llamarlo “asalariado”, como si eso fuera deshonra.
Lo curioso es que aquí, el problema para el señor Mondragón con las personas que se encontraban en la galería, no fue ser de izquierda o de derecha, porque no hubo argumentos sobre ese frente. El problema para el señor Mondragón fue que los presentes, particularmente Carlos, fueran trabajadores. El representante se burló de manera descarada de Carlos porque era eso, un trabajador, una persona que sale cada mañana a buscar su sustento y el de su familia de manera honrada, digna, respetuosa, pero que, para su pesar, no comparte su ideología de izquierda.
Y digo «para su pesar», porque lo que pretendió con este enfrentamiento, a través de gritos y palabras insensatas, fue minar la confianza de Carlos en el nuevo gobierno, ese que lleva tres meses, tratando de recomponer lo que el anterior hizo mal cuatro años y al que no le ha tocado nada fácil. Me pregunto: ¿No habría sido mejor hablar con la gente y explicarle todos los logros del Gobierno Petro para que, quienes estaban allí, comprendieran por qué es necesario continuar y mantener gobiernos de izquierda? El problema es que es muy difícil explicar las bondades de algo que no las tiene, por eso es más fácil acudir al insulto y al maltrato, con el objetivo de amilanar y pisotear a las personas, a punta de lo que él considera agravio, que es llamar a una persona “asalariado”.
La verdadera razón por la que el señor Mondragón se burla de manera descarada de colombianos del común como Carlos es que él, quien también es un asalariado, pero súper privilegiado, tiene su sustento seguro gracias a la curul que le otorgaron algunos colombianos, al votar por la lista del Pacto Histórico a la Cámara de Representantes. El representante no necesita pensar cada mañana cómo va a cubrir el arriendo o la cuota del lugar donde vive, no tiene que pensar con qué pagará los servicios, ni si lo que tiene en el bolsillo le alcanza para almorzar o para la gasolina del vehículo que le provee sustento. Él sólo tiene que levantarse a pensar a quién va a armarle problema para seguir saliendo en redes sociales, haciéndole creer a incautos, que trabaja por la construcción de un mejor país. Su sueldo, gastos de representación y prima de servicios, que hacen que sus ingresos brutos ronden los 55 millones de pesos, siguen intactos, dé resultados positivos para el país o no.
La actitud del señor Mondragón debe ponernos a pensar muy seriamente, ahora que estamos en época preelectoral, en qué tipo de dirigentes queremos para nuestro país: de los que se levantan cada mañana a construir país, a conformar equipos para hacer realidad proyectos que nos beneficien a todos o de los que andan por ahí sin hacer aportes importantes en la construcción de un país mejor. Ambos van a ganar alrededor de 55 millones de pesos ¿a cuál le pagaría con mayor con gusto? Porque ese salario sale de su bolsillo, así que no ignore la pregunta y comience a pensar en la respuesta. Aún estamos a tiempo de rescatar a Colombia.




