Opinión

Colombia, el nuevo Gólgota del poder

Juan David Rincón Galindo

Juan David Rincón Galindo

Comunicador Social y Periodista
Especialista en Periodismo Deportivo
Socio ACORD – Tolima
Director Tolima Online

En estos tiempos de convulsión política, no es difícil ver en Colombia una alegoría de aquel episodio bíblico que conmemoramos cada Semana Santa. En esa historia, la multitud eligió liberar a Barrabás —un ladrón confeso—, mientras enviaba al inocente Jesús a la cruz. Hoy, nuestro país parece revivir esa misma escena, pero con un giro trágicamente contemporáneo: en el llamado “Gobierno del Cambio”, Barrabás ha sido liberado una y otra vez, mientras Colombia —sí, el país mismo— carga con una pesada cruz de incertidumbre, escándalos y desconfianza.

Gustavo Petro prometió un gobierno transformador, pero lo que hemos visto es una administración atrapada en su propio vía crucis. Cada semana se levanta un nuevo escándalo como si fuera una estación más del calvario: contratos oscuros, grabaciones filtradas, funcionarios que caen en desgracia, y una narrativa oficial que cambia más que el clima de Bogotá.

En este drama, podemos ver a Armando Benedetti en el papel de Dimas, el «buen ladrón», que —al borde del abismo— decidió hablar, confesar, y quizá, en su versión, buscar redención. Del otro lado, Laura Sarabia encarna a Gestas, el ladrón que nunca aceptó su culpa, que prefirió el silencio y el resentimiento. Ambos, fiel reflejo de cómo se manejan los círculos del poder: por lealtades frágiles, secretos peligrosos y traiciones inevitables.

Pero la gran pregunta sigue en el aire: ¿quién manda en el gobierno? ¿Petro? ¿Sus asesores? ¿Los movimientos sociales que lo apoyan? ¿O acaso un grupo de intereses invisibles que operan tras bambalinas? Hoy Colombia, como Jesús en el Gólgota, parece sola, incomprendida, y sobre todo, crucificada por decisiones que no toma y por escándalos que no genera, pero que igual debe soportar.

Y mientras el país camina hacia el futuro con los pies ensangrentados por las espinas de la polarización, el desprestigio y la incertidumbre, el gobierno avanza sin una brújula clara, aferrado a discursos rimbombantes que ya no conmueven como antes. El “Gobierno del Cambio” parece haber cambiado, sí, pero su promesa de transformación ética se ha diluido en las aguas turbias de la política de siempre.

En esta Semana Santa, vale preguntarnos: ¿por qué seguimos liberando a Barrabás? ¿Por qué, como sociedad, normalizamos el caos y la falta de transparencia? ¿Hasta cuándo dejaremos que Jesús —es decir, Colombia— siga pagando con su cruz los pecados de sus gobernantes?

La historia ya nos lo enseñó: no basta con tener fe. Hay que abrir los ojos, levantar la voz, y exigir que no crucifiquen más al país en nombre de un cambio que, hasta ahora, solo ha sido una dolorosa ilusión. Ah y en este domingo no esperemos la resurrección de nuestra Colombia.

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