Del sur de Ibagué para el mundo

A Jhonny Lozano siempre le gustaron las historias. Tal vez porque creció rodeado de ellas, entre esquinas ruidosas, partidos de fútbol épicos y personajes inolvidables que daban vida al barrio Galán, en el sur de Ibagué. Allí, entre héroes y villanos cotidianos, amores que duraban lo que un bolero y familias enteras echando raíces sobre calles de esperanza, se formó una mirada que años después encontraría su cauce en la escritura.
Hoy es profesor de la carrera de Comunicación Social y Periodismo en la Universidad de Ibagué. Pero además de enseñar, escribe. O más bien, usa la escritura como una forma de entenderse, de conversar con el mundo. “La escritura no es mi profesión, ni mi condena, sino una linda forma de tratar de comprender y explicarme a mí mismo el mundo que me rodea”, dice con la claridad serena de quien ha encontrado su lugar.

Ese lugar es, sin duda, el sur. “El sur de Ibagué es mi lugar en el mundo”, afirma. Lo conoce como a la palma de su mano: sabe cómo huele, cómo suena, quiénes lo habitan. Aunque esté lejos, incluso en otro país, siempre hay algo que lo hace regresar, así sea con el pensamiento. Y ese regreso tomó forma este año con la publicación de su primer libro: Parche del Sur.
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Se trata de una recopilación de relatos nacidos de esas calles que nunca se le fueron. Historias sencillas, conmovedoras, jocosas, algunas trágicas, todas profundamente humanas. No tienen pretensión literaria, ni académica, ya que su intención es conectar con el lector desde la risa, el llanto o el recuerdo. Jhonny lo dice sin rodeos: “Escribí Parche del Sur para que quien quiera llorar, llore, quien quiera reír, se ría, y quien quiera sentirse identificado, lo haga”.

Los relatos abordan las problemáticas comunes de cualquier ser humano, pero con la particularidad de suceder en ese universo de los barrios unidos del sur. Hay conflictos generacionales, familias que hacen justicia por mano propia, adolescentes que descubren el amor —y el desamor— por primera vez, y futbolistas de barrio que se juegan la vida en cada pase sobre el célebre polideportivo Maracaná. Un lugar en el que, según Jhonny, te puedes morir de muchas cosas, pero nunca de aburrimiento.
El mayor impulso para contar estas historias llegó en 2020, cuando se convirtió en padre. Su hija, dice, ha sido su mayor maestra. Ella le enseñó, más que nadie, que los seres humanos venimos a este mundo a tres cosas fundamentales: a amar, a contemplar la naturaleza y a contar historias. “Todo lo demás es añadidura”, asegura. Desde entonces, supo que quería formar parte de quienes narran la vida, sin importar el formato: la imagen, la voz o la palabra.
Ese amor por contar —y por su familia— atraviesa su trabajo, su docencia, su escritura. Parche del Sur, además de ser una declaración de amor por sus raíces, es también un puente y una invitación a mirar hacia esos sectores que tanto tienen que decir, a través de una voz que no pretende enseñar, sino compartir. Porque Jhonny no se dice escritor, pero su forma de mirar el mundo está hecha de relatos. Y en ese gesto profundo de narrar lo cotidiano, de encontrar belleza y sentido en lo simple, quizás se esconde la manera más honesta de escribir.




