Historias

El discurso de los ojos se da con la mirada

Martha Lucía Barbieri

Martha Lucía Barbieri

Comunicadora Social -Yo soy la que soy –

Marina Abramović es una artista serbia dedicada al arte del performance, ayer fue galardonada con el premio Princesa de Asturias de las Artes. Miré hacia atrás y recordé cuando sus ojos dieron un discurso, fue en el año 2010, realizó una muestra en el Museum of Modern Art de Nueva York, 736 horas duró en total su representación performática en donde sentada inmóvil frente a una mesa compartía unos minutos de silencio con cada desconocido que se sentaba frente a ella. Los espectadores eran invitados uno por uno sólo a compartir su presencia y a mirarse mutuamente. Diferentes reacciones se desataron. Ulay, su exmarido y de quien se había separado 23 años atrás, llegó sorpresivamente, se sentó frente a ella, se miraron. Su mirada de amor fue reciproca, pasaron unos segundos, se tomaron de las manos y luego él abandonó la sala. ¡Qué momento y cuanto amor!

Martha Lucía Barbieri del Río

Quedé pensando en ello y en lo que es mirar. Queremos que nos vean, ser visibles, eso sí, sin comprometernos a mirar mucho dentro de nosotros mismos o a los otros (a menos que sea para criticarlos o anularlos), sin apropiarnos de lo mirado en el sentido de prestar a ello toda nuestra atención. Corren días de vocabulario visual, en donde hemos condicionado la mirada a la función de la vista, a un modelo de imágenes y fotos, porque todo entra por los ojos y olvidamos que el ojo es sólo el órgano. Nos abrumamos tanto, que no sabemos en dónde enfocar la mirada, porque simplemente damos un vistazo y no nos involucramos con la observación, porque cuando se mira someramente se da más importancia a lo que sólo se ve, a la belleza o la fealdad y no a lo que hay tras ellas, porque no damos sentido a lo mirado y evadimos ver el dolor, el miedo, la realidad.

No sabemos mirar ni cómo mirarnos, mucho menos mirar en la profundidad del ser. Vivimos en ese mal de ojo que nos cuenta la cultura popular desde que nacemos y para el cual no hay amuleto que sirva. En una distopía en la que se invisibiliza al otro para restarle importancia. Entre más vemos menos miramos pues lo hacemos con mirada excluyente, dominante, critica e inquisitiva. Porque siempre vemos lo que queremos ver, o lo que nos conviene.

Queremos ser videntes, visionarios, tener visión, visualizar, ser mirados y admirados, sin embargo, no tenemos la voluntad y las ganas de mirar, si así fuera esto desembocaría en expresiones, sensaciones, en conexión, en menos indolencia y más compasión.

Si lo miras se enamora, me dijo alguna vez una amiga, y es que en las miradas todo sucede, el discurso de los ojos se da con la mirada, porque las miradas hablan y podemos saber qué nos dice alguien por medio de ellas. Por eso, nuestra mirada debe ser apreciativa, limpia y compasiva. No la mirada que se limita a la experiencia visual o a ser el observador que divaga, ese de mirada perdida o evasiva.

Con mirada objetiva digo que somos analfabetos visuales en el mundo visual. ¿Cuántas veces nos hacemos los que no vemos? Miramos a medias, sin saber cambiar de perspectivas, sin intentar extraer la esencia de las personas, las situaciones, las cosas. Mirar con los ojos, con la mente, con el alma para alcanzar a ver lo imperceptible. La mirada refleja lo que somos, lo que sentimos, aquello que hemos vivido. No sabemos hacer contacto visual. Al enfocar nuestra atención en mirar y en la mirada, hallaremos lo inexplicable.

Cuando tengo la sensación de ser mirada siempre hay ojos precisos que me están dedicando su atención. Algunos ojos anónimos y otros con nombre me ven con mirada amorosa, dulce, alegre, atenta, maravillada y amable o con mirada de juicio, íntima o inquisitiva. También he mirado de esa manera y he mirado a extraños a sus ojos tiernamente.

Porque es jueves de volver a lo que fue, lo que es, lo que siempre será… porque más que el ojo y la visión es la mirada. Es lo que vemos y cómo lo vemos, cómo nos vemos a nosotros mismos y miramos al otro. El mundo de hoy se ve un poco con el velo de las lágrimas porque la sangre es muy difícil de lavar y cada uno debe hacer algo personal para no verla correr y luego no mirar atrás y saber que no hicimos nuestra parte.

La mirada de amor acerca para mirar al futuro.

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