Internacional

El Papa León XIV envía un mensaje de gratitud y esperanza por los 400 años del Seminario Mayor de Trujillo

Con motivo del IV centenario del Seminario Mayor Arquidiocesano “San Carlos y San Marcelo” de Trujillo (Perú), el Papa León XIV dirigió una carta llena de afecto, memoria y orientación espiritual a los seminaristas, formadores y obispos del país andino. En su mensaje, el Pontífice recordó con emoción su propio paso por esa casa de formación, donde sirvió como profesor y director de estudios, y expresó su gratitud “al Señor por los cuatro siglos de historia de este seminario”.

El Santo Padre subrayó que la misión esencial del seminario sigue siendo la misma: “estar con el Señor, dejar que Él los forme, conocerlo y amarlo, para poder parecerse a Él”. En este sentido, invitó a los seminaristas a revisar sus motivaciones más profundas, afirmando que el sacerdocio “no es una promoción personal ni una huida de las dificultades, sino un don total de la existencia”.

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Citó a san Agustín al afirmar que “se es verdaderamente libre cuando no se es esclavo”, insistiendo en que sólo quien vive en libertad interior puede servir con autenticidad al pueblo de Dios. “Lo decisivo no es ordenarse, sino ser verdaderamente sacerdotes”, recalcó.

El Papa describió la vida del seminario como “un camino de rectificación interior”, donde la oración, el estudio y el discernimiento son pilares esenciales. “No puede hablar de Dios quien poco habla con Dios”, advirtió, destacando la importancia del trato personal con Cristo. Asimismo, valoró el estudio teológico como “una forma de amor y de fidelidad a la vocación”, recordando la frase de san Alberto Hurtado: “¡Especialízate en Jesucristo!”.

En otro pasaje, León XIV resaltó que la Eucaristía es el centro de la vida del seminarista, “donde aprende a ofrecer su vida junto con Cristo”. De esa unión —añadió— nace la paternidad sacerdotal, pues “ser padre no es algo que se hace, sino algo que se es”.

El Pontífice exhortó a “huir de la mediocridad” y no dejarse atrapar por la mundanidad o la soledad pastoral: “La Iglesia necesita pastores santos que se entreguen juntos, no funcionarios solitarios”. Finalmente, aseguró su cercanía y oración por todos: “Tienen un lugar en el corazón del Sucesor de Pedro. Nunca están solos en este camino”.

El Papa concluyó encomendando a los seminaristas a la Virgen María y a san José, “primeros formadores del Sumo y Eterno Sacerdote”, e impartió de corazón su Bendición Apostólica.

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