Historias

Fray Ñero, Un Mártir en Tiempos de Pandemia

Sandra Liliana Pinto Camacho

Ingeniera Industrial PUJ & Administradora Hotelera AH&LA

“No hay amor más grande que el de aquel que da la vida por sus hermanos”

Jesucristo

Han sido muchas las historias que nos ha traído la pandemia y, en esta semana santa, encontramos el mejor momento para reflexionar sobre el verdadero y más grande amor, que no es cualquier clase de amor; es el amor más difícil de todos: el que exige entregar nuestra vida por el otro olvidando nuestra propia seguridad en aras de proteger a alguien más, poniendo incluso nuestra propia vida en riesgo para salvar la de nuestro ser amado.

Y es que el covid no es cualquier enfermedad.  Es una enfermedad contagiosa con consecuencias impredecibles en cada organismo.  La difícil decisión para muchos de cuidar a un familiar cercano infectado, con la subsecuente amenaza de resultar contagiado o incluso, de llevarlo hasta la muerte, ha puesto en entretela de juicio lo que seríamos o no capaces de hacer por nuestros seres queridos.

¿Cuántas personas estarían dispuestas a correr el riesgo de morir para cuidar o proteger a quien enferma? La madre, el padre, el abuelo, la abuela, el esposo, la esposa, el hijo, la hija, la amiga, el amigo, la compañera, el compañero… tantos valientes que han asumido este desafío que hoy podemos catalogar como de amor, merecen un lugar especial en nuestra vida, o por lo menos una gratitud infinita en nuestro corazón.

Una de estas historias de amor en tiempos de pandemia la protagoniza Fray Gabriel Gutiérrez Ramírez cariñosamente conocido como “Fray Ñero”.

El vaticano anunció este sábado que “»El ángel de los marginados», como cariñosamente se le conocía por su labor evangélica y humanitaria con los habitantes de calle y sus familias, ha regresado a la casa del Padre, luego de batallar por casi dos semanas contra el Covid-19”.

El arzobispo de Bogotá lamentó su muerte diciendo: “en el Viernes Santo cuando contemplamos a Cristo que muere por amor para darnos la salvación, ha muerto un amigo en Bogotá, un sacerdote, un franciscano, un cristiano, un hermano, un amigo, un apóstol de los habitantes de calle… un servidor de los marginados de aquella Bogotá subterránea de hombres y mujeres que están tirados en la calle, que no tienen techo, no tienen amor, pero que encontraron en él, amor, cercanía, fe, unión, anuncio de buena noticia, una amistad, una comprensión”.

De Fray Ñero se recordarán sus acciones que apoyaban sus sabias palabras: “Jamás abandonaremos los templos humanos”.

Saliendo a “callejear la fe” en la fría ciudad de Bogotá desde hace más de cinco años, fue develando – como es su propio testimonio – “rostros concretos de hombres y mujeres que por muchas situaciones de sus vidas no tuvieron otra alternativa que la calle”. “Hombres y mujeres que viven su propio drama, desprecio, violencia física y homicida”.

Liderando un grupo de laicos de espiritualidad franciscana desde la Fundación Callejeros de la Misericordia, creada por él hace tres años acompañó los diferentes fenómenos sociales de calle, tales como “Ciudadanos Habitantes de Calle, Comunidad LGTBI, trabajadoras(es) sexuales, vendedores(as) informales, recicladores(as), artistas callejeros, titiriteros(as), emigrantes, y otras expresiones callejeras, que se encuentran en condiciones de alto riesgo de vulnerabilidad».

El pasado febrero, en medio de la pandemia, el religioso dirigió una súplica al Concejo de Bogotá en la que les solicitaba lo acompañaran a liberar a estas poblaciones:

“Si hay alguien empobrecido en este país es alguien que carga un costal al hombro, reciclando todo el día, durmiendo en las calles. ¿Por qué no crear entonces centros que acompañen todo el proceso de consumo de sustancias? No tenemos en Bogotá una sala de consumo controlado. A muchas de esas poblaciones les acompañamos con la represión, les mandamos el Esmad, les aplicamos el código de policía, pero no hay un acompañamiento humano y racional.

Vengan a conocer la Bogotá subterránea. ¿Cuántos de ustedes se han metido a los caños, en donde viven los habitantes de calle? Caminen, conozcan. Vamos juntos a conocer y con ellos a planear una política pública, para que, a través de la integración social, podamos liberar a estas personas de tantas fuerzas oscuras que los mantienen sumidos en las calles.”

Hoy recordamos a un mártir de la pandemia quien con su ejemplo nos recuerda lo que es el verdadero amor, aquel del que oímos hablar hace ya casi 2.000 años y el que recordamos cada Viernes Santo cuando conmemoramos el sacrificio de amor que hizo Jesús por la humanidad al morir en la cruz.

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