Opinión

La corrupción no tiene género

Luis Carlos Rojas García

Escritor
 

Desde hace mucho tiempo vengo pensando que si existe Dios debe ser mujer. Lo pienso porque considero que la mujer es realmente el sexo fuerte, la verdadera fuerza que mueve al mundo como lo conocemos, la que tiene capacidad de dar vida y tiene una fortaleza extraordinaria para enfrentar las innumerables situaciones negativas que se le presentan en una sociedad machista como la que tenemos en donde han llegado incluso a borrar sus logros y descubrimientos a través de la historia, eso sin contar que durante mucho tiempo las quemaron vivas y no han parado de asesinarlas y violarlas.

Lo pienso también porque si lo miramos detenidamente es la mujer quien lleva realmente los pantalones en casa y la que es capaz de cambiar el destino del hombre si así lo quiere. Ahora bien, si no me creen que a las mujeres les han robado sus logros los invito a buscar la historia de Mary Shelley, la creadora de Frankenstein o el moderno Prometeo a quien se le robaron los derechos de autor por mucho tiempo y como ella muchas otras.

No obstante, así como hay mujeres que han sido ficha clave en la historia de la humanidad en cuanto a inventos, obras literarias y demás, también ha habido mujeres cuyo poder ha sobrepasado el de cualquier hombre por más dictador que sea, es el caso, por ejemplo, de la temible Jiang Qing, cuarta esposa de Mao Zedong, conocido como El Gran Timonel de China y quien dio de qué hablar por sus manías y sus estrategias para quitarse de encima a sus opositores. Ahora tenemos, en Corea del Norte, a Kim Yo-jong, la hermana del dictador Kim Jong, quien está a punto de convertirse en la primera mujer dictadora y, lo más impresionante, es que Kim Yo-Jong ha demostrado que tiene con qué.  Y así como estas mujeres otras más, aunque no hayan estado directamente en el poder.

Entonces, a lo que voy es que, en esta lucha eterna de la igualdad de género, aunque la mujer es vulnerable en varios aspectos, cuando se trata de poder tanto hombres como mujeres pecan por igual, son imparables y sacan sus demonios más devastadores con tal de lograr su cometido. No importa el nivel o el estrato social o la condición en la que se encuentren, el hombre y la mujer son capaces de todo cuando tienen cómo hacerlo.

Es cierto que existen múltiples grupos a favor de la mujer, algunos muy puestos en su sitio y que saben diferenciar entre la lucha por los derechos y el odio hacía los hombres que otros grupos promueven. Pero, por más increíble que parezca, en muchos casos, es la misma mujer quien permite y apoya los mismos ataques a su género. Y aquí no estamos diciendo cosas tan estúpidas como que: una niña acepta ser violada o que una mujer se viste de alguna manera para que la asedien, la violen y hasta la asesinen, no. De lo que estamos hablando realmente es del poder de manipulación de hombres y mujeres. De lo que hablamos es de la complicidad de la misma mujer para lograr el poder.

Como para no ir muy lejos, en la actualidad vemos cómo mujeres de renombre en países como Colombia hacen de las suyas a favor de sus partidos políticos o para satisfacer sus intereses personales. Caso específico, la enérgica Claudia López cuyo discurso y afinidades políticas, como dicen por ahí, cambia más que el dólar. Un día la vemos defendiendo a los más necesitados y al día siguiente la vemos dándole espaldarazos a los corruptos.

Del mismo modo, está doña María Fernanda Cabal, una congresista que no solo sale con cualquier disparate sino, además, representa muy mal al género femenino con sus declaraciones clasistas, aberradas y deschavetadas, al punto que uno no sabe si lo hace apropósito o realmente tiene un problema mental.

A las anteriores se suman Paloma Valencia, otra mujer que desconcierta cada vez que habla o, la tristemente famosa Marta Lucía Ramírez Vicepresidenta del país, más conocida como la tía Martuchis, quien tiene más enredos con el narcotráfico que su patrón y, por supuesto, no puedo dejar de lado a la periodista de periodistas Doña Vicky Dávila, una mujer que realmente le hace daño al periodismo colombiano y que está dispuesta a todo con tal de cubrir la corrupción del país y mantener su cuarto de hora de fama.

En resumidas cuentas, la corrupción no tiene género, y tenemos cientos de ejemplos que lo comprueban. Leí en algún lado que esto no es una guerra entre hombres y mujeres, esto es simplemente una lucha de personas correctas, con ideales de un mejor mundo y quienes un cambio real, contra personas que hacen mal, mucho mal.

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