Historias

La madre, la patria, la vida

Martha Lucía Barbieri

Comunicadora Social -Yo soy la que soy –

Escribir sobre las madres es hacerlo ya poco, la palabra no abarca el rol, por lo tanto, no las honra lo suficiente. Cuántas veces encontramos textos cliché que enfocan la maternidad de manera romántica, casi perfecta, alejada de la realidad y como un estado siempre deseado y que además pretende definirnos como mujeres.

Recuerdo cuando un día miré el espejo y me vi vestida de señora con un ser en mi vientre, ya en ese momento tenía una gran responsabilidad, poco tiempo después estaba amamantando, arrullando, cuidando, conteniendo, protegiendo. Sin notarlo tenía un contrato de por vida, sin periodo de prueba, con remuneración intangible, en horarios 24/7. Sin vacaciones y con una jefe algo tirana empecé a entrenarme y a ejercer maternidad exclusiva. Me perdí de mí misma y de lo que buscaba ser, dejaron de decir mi nombre para convertirme en la mamá de…, abandoné mis cafecitos para asistir a fiestas infantiles, dejé de tropezarme con labiales, perfumes y libros y empecé a enredarme con patitos de hule, juguetes sonoros y princesas encantadas, con los años he tenido que empoderar a esas princesas porque esta generación de cristal requiere reconocimiento constante y más explicaciones.

Me he desempeñado como puericultura, contadora de cuentos, maestra, animadora, planeadora de eventos, guía turística, artista, psicóloga, médica, cocinera, he sido perchero, pastelera, decoradora, diseñadora, fotógrafa y hasta bruja malvada. También he encarnado a Santa Claus, a algún duende, al conejo de Pascua, al Ratón Pérez y al Hada de los Dientes. He cortado el pelo, las uñas y alguna ropa, he visto a padres dedicados a la maternidad más que a la paternidad, he compartido eventos con otras madres, algunas muy amables y otras a quienes definirlas como insoportables sería definitivamente un piropo.

En todo este tiempo, a mi lado mi propia madre, a quien enaltezco cada día y quien me ha dado su amor y su vida más que en las palabras. De igual manera le he correspondido. Desde este lugar del mundo extraño a mi madre, también a mi patria, porque ¿Cómo escribir sobre la madre sin mencionar a la patria?

Recuerdo cuando empecé a vivir fuera de mi país, me sentí huérfana, todavía así me siento. Una orfandad descrita como la ausencia de aquello que nos hace bien, de lo que nos hace sentir abrazados y contenidos, porque la patria también es la madre pues de sus entrañas venimos. La patria, en donde nuestra vida comienza, de donde proviene parte de nuestra identidad y acervo cultural. La patria como la madre, debe ser amada, respetada, merece buen trato y admiración.

Y si la patria es la madre, que curioso que dicho vocablo esté asociado a la palabra padre, a lo mejor por eso algunos han utilizado el neologismo matria para definirla, porque la matria acoge, cuida y es fértil.

Hoy con dolor de patria miro con asombro, impotencia y compungida a Colombia, país de mis amores, pasiones y apegos. Allí nació mi madre, nació mi hija y nací yo. Veo como sangra mi patria y como es golpeada y maltratada incluso por sus propios hijos. Cuanta pena y desconsuelo. Miro afligida, sin saber cómo ayudar a sanarla o a mitigar su dolor más que haciendo patria desde afuera y enalteciendo orgullosa mis raíces. ¿A cuántos les ha quedado grande esta patria? Observo la desintegración y desestabilización social y cómo los ideales de algunos justifican odios y muertes. Todos tenemos nuestra cuota de sufrimiento, unos sienten rabia y otros sentimos hasta culpa por tener más oportunidades. No tolero a los violentos, no empatizo con la mentira, la enemistad, el rencor, la traición y la autodestrucción.

Cuando el entendimiento surja de las cenizas y los escombros, posiblemente habrá algo de sosiego. Cuando se eduque y se estimule la ciencia y la tecnología las mentes serán más serenas. Cuánta obsesión de todos con algunos líderes. Cuando esas pasiones se apacigüen quizás habrá algo de unidad. Que aflicción da toda esta crisis.

Sólo tengo agradecimiento, amor y compasión por mi patria a la que adoro y siempre quiero regresar, así como siempre quiero regresar a mi madre.

Porque es jueves de volver a lo que fue…lo que es, lo que siempre será… porque patria y madre son vida y sólo merecen gestos benevolentes y cada día las honro, porque aunque podamos tenerlas también por adopción la madre y la patria son únicas y porque seguramente como tratas a tu patria tratas a tu madre.

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