Historias

La pelota no se mancha

Martha Lucía Barbieri

Comunicadora Social -Yo soy la que soy –

Mi generación recuerda exactamente el día en que empezó a amar el fútbol, fue el 22 de junio de 1986 cuando se enfrentaron Argentina e Inglaterra en el mundial de México y después de ver ese gol hecho «un poco con la cabeza y un poco con la mano de Dios«.

Diego Armando Maradona, El Pelusa, fue un modelo de admiración para quienes en ese momento estábamos en la infancia y adolescencia. Impulsó a los jóvenes a soñar, nos hizo  sentir orgullosos, nos dio pasión y elevó su camiseta. Fue un artista, talento y genio que resolvía en la cancha.

Algunas veces es difícil ser nosotros mismos, que difícil debió haber sido Diego Maradona: ser un ícono, ser extraordinario, ser el mejor, ser un grande, ser una leyenda, ser una figura, ser un ídolo, ser una estrella, ser un crack. Que difícil debió ser maltratar su cuerpo, haber hecho vibrar tantas vidas y al mismo tiempo tomar decisiones equivocadas y desordenadas en la suya sin poderlas gambetear.

Ayer se detuvo su corazón, ese que hizo que el nuestro algunas veces saltara y otras se nos saliera. Ayer murió un poco el fútbol y volvió eterno a quien ya lo era, al mejor jugador de todos los tiempos.

¿Qué decir sobre Maradona que no sepamos? ¿Qué escribir que no esté escrito? sólo queda decirle gracias por crear instantes perfectos e inolvidables, gracias por ser inmenso en el deporte más bello del mundo, gracias por la destreza de su 10, gracias por hacer del fútbol un arte y acariciar la pelota con los pies.

Martha Lucía Barbieri del Río

La mitad de mi sangre y mi corazón son argentinos y me duele doblemente la muerte de Maradona. Mi padre, Juan «El Andarín» Barbieri, fue futbolista y futbolero. Llegó a Colombia desde su país natal (Argentina) en la Época del Dorado. Juntos veíamos emocionados  jugar a Diego Armando y celebrábamos sus goles con un mate y al son de un buen tango.

Porque es jueves de volver a lo que fue…porque Maradona siempre fue, es y siempre será… por esas tantas veces que la sacó del estadio. Vuelve a tu cielo albiceleste, ese mismo de donde viniste, que la mano de Dios allí te recibe.

Maradona sos grande.

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