La verdadera rebelión por los niños es protegerlos

Lo más revolucionario hoy en día, respecto a los niños, es velar por su bienestar. Es cuidar su entorno y protegerlos física y mentalmente.
El capricho de una inmensa minoría no puede poner en tela de juicio el cuidado especial que se debe tener por los niños. Es más, por ganar likes, reconocimiento y calentar motores para buscar réditos electorales, han sido “audaces” con cuestionamientos por el no ingreso de los menores a restaurantes y otros sitios que están prohibidos para ellos como consecuencia de la pandemia.
No es posible que se lancen propuestas para presionar el ingreso de los niños menores de 14 años a estos lugares en medio de una pandemia, y en medio de la reapertura total ordenada por el Gobierno Nacional, que podría aumentar los casos, si no tomamos las medidas necesarias y somos responsables en lo que hacemos y decimos.
Las bases científicas aseguran que los menores no son susceptibles, en su gran mayoría, a los fuertes síntomas causados por el Covid-19, pero sí son vehículos de contagio para sus familiares y cercanos. Los niños por su naturaleza curiosa pueden adquirir el virus con mayor facilidad, al ser muy complicado controlar el uso, por ejemplo, del tapabocas y conservar el distanciamiento social.
Los que somos padres de hijos en estos rangos de edad, sabemos que, por ejemplo, en un restaurante los niños, mientras se hace la orden y llega a la mesa, quieren explorar el lugar, tocar las decoraciones, jugar debajo de la mesa entre otras acciones que son propias de su edad. En ese orden de ideas es pertinente afirmar que es un acierto la decisión de controlar el ingreso de los menores de 14 años a estos lugares. La decisión no tiene otro sentido que proteger a los niños y a sus entornos familiares.
No en vano los colegios mantienen la virtualidad para evitar brotes de la enfermedad, ya que es predecible que las instituciones educativas pueden ser focos del virus. Ante algunas voces que piden el regreso a las aulas, varias asociaciones médicas, de padres de familias de docentes y directivos han indicado que no es prudente y argumentan que por más protocolos de bioseguridad que se implanten; lograr que un niño mantenga puesto el tapabocas por toda la jornada (6 horas en promedio) y mantengan el distanciamiento social es una tarea muy difícil, incluso con la reducción del aforo y/o la alternancia.
La situación de encierro y de incertidumbre ha sido muy difícil para todos, pero en especial para los niños, que se han privado de compartir con sus pares en colegios, parques, reuniones familiares, entrenamientos deportivos, musicales y demás. Por ello, más que pedir que los niños salgan a todo lugar, se debe ser recursivo en casa para hacerles más llevadera esta realidad que esperamos pase rápido y podamos retomar las actividades normales que nos hacían felices.
Un mensaje final para evitar que no haya un aumento en el “Pico…n” de la pandemia en Ibagué.
Menos protagonismos, menos populismo y sí, más argumentos, más protección para nuestros niños y mucho más amor, tolerancia y respeto.




