Los títulos falsos y las oportunidades robadas

En este país ya no asombra que alguien falsifique un título y termine en un cargo público. Lo grave es que muchos lo vean como algo normal, como si hacer trampa fuera parte del juego, y guarden silencio.
Nos quieren hacer creer que “los títulos no importan”, que lo esencial es la “vocación” o la “experiencia”. Mentira. La formación sí importa. No por el cartón, sino por lo que representa: disciplina, esfuerzo, conocimiento. No cualquiera puede dirigir, decidir o representar al país sin preparación. Y quien dice lo contrario solo busca justificar su falta de estudio.
Cada título falso es una cachetada a quienes sí creen en el mérito. Y lo peor: quienes hacen trampa después terminan tomando decisiones por todos. Si llegaron mintiendo, ¿qué se puede esperar de su gestión?
El problema no es solo nacional. En el Tolima también pasa. Aquí hay personas preparadas, con posgrados, con ganas de cambiar las cosas, e incluso con doctorado pero sin espacio. Situaciones que llevan a los talentos y preparados a irse del departamento. Sus oportunidades son tomadas y reemplazadas por los mismos de siempre,los recomendados, los que llegan por amistad o favores. Y después se preguntan por qué el Tolima no avanza.
Basta ya, el Tolima merece más oportunidades. No podemos seguir premiando la trampa ni llamando “doctor” a quien no ha estudiado nada. Queremos los títulos, pero no el esfuerzo que implica conseguirlos. Queremos cargos, pero sin mérito. Así no se cambia un país.
Esto no es un chisme ni una exageración, es una vergüenza. Un país donde se aplaude al que falsifica y se ignora al que estudia está al revés. Hemos perdido valores básicos: el esfuerzo, la honestidad y el respeto por la educación.
Y todavía hay quienes se preguntan por qué tantos jóvenes prefieren irse. Esta claro, porque aquí, a veces, parece que estudiar no sirve para nada.



