Opinión

Una campaña que desdibuja

Adriana Bermúdez

Adriana Bermúdez

Creyente en que con la verdad, todo se puede. Comunicadora social, Magíster en Administración.

Es innegable que cada temporada electoral trae lo suyo. A través del tiempo y del avance de la contienda, comenzamos a conocer o a descubrir, a cada uno de los candidatos. Y la actual disputa por la Presidencia de Colombia, no ha sido la excepción.

Desde el comienzo de las postulaciones, ha ido quedando claro quiénes son los “camaleones” de la política, esos que un día tienen una filiación política o apoyan a un candidato y después, según la necesidad o conveniencia, cambian su bando y se declaran contrarios a aquello que siempre practicaron y que ya no quieren ver nuevamente.

Pero los que siguen en la contienda y, al parecer en el mismo bando, tampoco desaniman. Quienes pensábamos que un Abelardo engreído que no se deja de la prensa era el tope de lo que veríamos, descubrimos a una Paloma en pleno cierre de campaña que, hasta el tono de voz y acento, ha cambiado. Una caucana con acento paisa, es de las actuaciones más particulares que se han visto. Y ni qué decir de ese tono que, cada día, se parece más al de Uribe, ya alcanzado por la edad.

Paloma, la mujer que durante años vimos en el Senado dando batallas firmes por ideales que estaban impulsados por una parte importante de los colombianos, hoy se desdibuja política y socialmente en una campaña que, cada día más, se aleja de la senadora que conocimos, admiramos y soñábamos ver como presidente de este país.

Es claro que, para usted, Paloma puede seguir siendo la mujer con la capacidad para sacar adelante nuestro país y créame que, de ser ella quien pase a segunda vuelta, la apoyaré. Sin embargo, ver su transformación para llegar a la Presidencia, duele. Y cómo culparla, si hasta su partido cambió, ‘flexibilizó’ algunas de sus ideas y de lo que eran sus principios, sólo para poder quedarse con una parte de los votantes que le era esquiva y que llegó a sus toldas ante la escogencia de un vicepresidente competente técnicamente, pero desalineado en muchas de sus formas a los principios de un partido.

Cómo no sorprenderse de una mujer a quien hace nada le mataron un compañero de luchas en plaza pública y hoy, acusa de cobarde a su contrincante por ponerse un chaleco antibalas, cuando ambos candidatos han recibido amenazas y deberían, por el bien de nuestra democracia, estar trabajando de la mano

De Abelardo hay mucho para decir, no lo niego. Aún sigo pensando que, si se diera una pasadita por unas clases de humildad, podría terminar de comerse el mundo y todos los que recibieran un mordisco estarían felices, pero nadie puede negar que él sabe para dónde va, conoce el camino y ha demostrado que no necesita que nadie le patrocine la llegada. Afortunadamente, también tiene claro que un buen equipo es necesario para cruzar la meta y se alió con un vicepresidente de las mejores cualidades técnicas y humanas, como lo necesita el país.

Se acerca la hora de poner el voto en la urna, de pensar en la democracia que tenemos y en la que queremos tener, más allá que de pensar en promesas que se disuelven con el tiempo y que se quedan pendientes para otro periodo de gobierno. Ojo con las promesas vacías, con las peleas que distraen y no construyen. Hay que ponernos las pilas y escoger por quién vamos a votar porque, aunque decían que no íbamos a ser Venezuela, en manos de ciertos candidatos el camino para llegar allá se hace más rápido, así que medite y piense bien por quién va a votar, para que después, no tengamos que ver a otro primer mandatario, desdibujarse en promesas incumplidas frente a nuestros ojos.

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