Historias
Una lucha sin fronteras

Henry Silva es un joven venezolano de 26 años de edad, carismático, sociable, atento, perseverante y muy sencillo, a quien desde pequeño le enseñaron a ganarse las cosas con esfuerzo, decidió abandonar Maracaibo en busca de mejores oportunidades no solo para el sino para sus padres debido a la fuerte crisis por la que pasa su país. «Me vine como todos los venezolanos, porque uno allá trabaja y no le alcanza para nada, casi todos venimos para poder sobrevivir y sacar adelante nuestras familias» ,tenía claro que no iba a ser fácil y que si quería salir adelante tendría que hacer muchos esfuerzos.
En el año 2015 Henry llego a Riohacha junto con dos primos; sin conocer a nadie, desorientado y triste por tener que dejar su país, sus amigos, su familia, su trabajo como auxiliar de farmacia, su vida… al comienzo fue duro, tuvo que pasar hambre, frio, tuvo que separarse de sus primos, soportar humillaciones, trabajar por poca remuneración, sufrir xenofobia y muchas otras cosas.
En Riohacha no duro mucho, recorrió, Cartagena, Valledupar, Medellín, y Barranquilla donde conoció a una joven venezolana en su misma situación la cual le robo el corazón, juntos finalmente lograron estabilizarse en la ciudad musical de Colombia; Ibagué.
Aquí Henry puso en práctica las enseñanzas de un compatriota a quien había conocido en Medellín y le había enseñado a realizar pulseras.

Un día normal en la vida de Henry inicia tipo 9:00 de la mañana e incluso algunos días se da el lujo de dormir un poquito más, se levanta, sale de su habitación ubicada en un hotel cerca de la terminal de transportes, desayuna y se dirige hacia la carrera tercera donde saca su mercancía y la ofrece a los transeúntes; 3 por $5.000, 2 en $3.000 o 1 en $ 2.000. Henry asegura que los ibaguereños en su mayoría lo han tratado muy bien y le han colaborado mucho en su trabajo en gran parte debido a la manera tan agradable de tratar a sus clientes y a su carisma, en un día de trabajo vende entre $40.000 y $70.000 de los cuales debe destinar $25.000 para el pago de su habitación, para sus tres comidas diarias, sus gastos personales entre otras cosas.
Allí pasa algunas horas recorriendo el centro de Ibagué, cerca del medio día almuerza y en algunas ocasiones, todo dependiendo como se encuentre el trabajo parte rumbo a los centros comerciales donde también ofrece sus artesanías, el día de Henry termina en horas de la noche aproximadamente a las 9:30 o 10:00 , hora en la que parte de nuevo a su habitación a dejar su mercancía preparada y lista para el siguiente día , tal vez cansado pero con la satisfacción de saber que está logrando salir delante de la manera más humilde.
Henry afirma que una de las cosas que más extraña de su país es su gastronomía. Su plan es regresar de visita a Venezuela algún día, y así poder compartir hallacas, pavo, pan de jamón,dulce de lechosa y caraota junto a sus seres queridos, sin embargo sabe que debe volver a seguir luchándola.
Como la mayoría de migrantes venezolanos, Henry coincide en que quiere regresar a vivir a su país y sueña con que la situación que hoy lo tiene aquí algún día mejore para poder retomar de nuevo su vida.




