Historias

Virginia Woolf, ¿Suicidio o Eutanasia?

Sandra Liliana Pinto Camacho

Sandra Liliana Pinto Camacho

Ingeniera Industrial PUJ & Administradora Hotelera AH&LA

«Cada secreto del alma de un escritor, cada experiencia de su vida, cada cualidad de su mente está escrita en sus obras»

Virginia Woolf

La semana pasada, el 25 de enero, se cumplieron 140 años del natalicio de Virginia Woolf, escritora británica considerada precursora del feminismo y figura clave del modernismo literario del siglo XX quien moriría a los 59 años de manera misteriosa, siendo catalogada como suicidio pero que, de acuerdo con los parámetros establecidos hoy en día, bien podríamos llamarlo “eutanasia”.

Su padre era Sir Leslie Stephen, un destacado crítico literario, historiador y también alpinista famoso. Su madre, por su parte, Julia Duckworth, era miembro de una familia de importantes editores.  En su hogar de infancia se respiraba arte, política y un ambiente tan liberal como complejo. A pesar de esto, fueron sus hermanos varones los únicos que pudieron estudiar en la Universidad ya que se consideraba que las mujeres de la familia debían quedarse en casa para cuidar de su padre y, por lo tanto, ser educadas por un tutor.

Desde los 13 años y debido a la prematura muerte de su madre a causa de una fiebre reumática, la célebre escritora comenzó a manifestar inicialmente síntomas de depresión, la cual se fue agravando debido a (como lo dio a entender en una obra autobiográfica) los abusos sexuales que cometían dos de sus hermanastros (hijos de un matrimonio anterior de su madre) contra su hermana y ella misma.  Virginia sufrió mucho y hoy se sabe que el trastorno bipolar que le fue diagnosticado no fue causado por ninguna enfermedad congénita ni una personalidad pusilánime como la acusaron en aquellos días; el trastorno bipolar fue causado por la impotencia de no tener a nadie que las defendiera, que las ayudara a salir de aquella cruel, terrible y oscura realidad.

Esta situación la llevó a cometer los primeros intentos de suicidio antes de cumplir los 23 años, edad a la que perdió a su padre a causa de un cáncer, lo que finalmente le provocó una crisis nerviosa por la que tuvo que ser ingresada por primera vez en un centro psiquiátrico.

Tras la muerte de su padre, Virginia y tres de sus hermanos se trasladaron a Bloomsbury, en la zona oeste de Londres, convertida en centro de reunión para un grupo elitista de intelectuales británicos de la talla del economista John Maynard Keynes, los filósofos Bertrand Russell y Ludwig Wittgenstein, escritores como T. S. Eliot o la líder del movimiento sufragista Emmeline Pankhurst. Todos ellos formaron el grupo conocido como «Círculo de Bloomsbury». Las reuniones que se llevaban a cabo en la casa de Virginia marcaron sus vanguardistas opiniones sobre la igualdad, el feminismo, la aceptación de la homosexualidad y la bisexualidad, el amor por el arte, el pacifismo y el ecologismo.

Virginia empezó a escribir artículos y críticas regularmente en el periódico The Guardian y para el suplemento literario de The Times, algo que continuó haciendo el resto de su vida. También fue invitada a dar clases en el Morley College, una escuela para mujeres y hombres de la clase trabajadora, donde esporádicamente enseñó literatura e historia inglesa.

Su primer trabajo en el campo de la literatura fue una obra de teatro titulada Melymbrosia, en 1908, que posteriormente serviría de base para su primera novela, publicada en 1915 (cuando tenía 37 años) bajo el título “Fin de Viaje” y que podría definirse como el libro sobre “la vida de su vida” siendo el comienzo de su doloroso proceso de exorcización de todos sus demonios a través de la escritura.

En agosto de 1912, al cumplir los 30 años y a pesar de sus dudas sobre el matrimonio, se casó con el teórico político, escritor, editor y antiguo funcionario público británico, Leonard Woolf (de quien tomó su apellido). Los trastornos más graves que padeció Virgina los sufriría un año después de su matrimonio cuando ingirió cien gramos de veronal, en otro intento por quitarse la vida.

En 1925 y tras más de una década de dedicación literaria, Virginia por fin lograría un gran éxito con la publicación de su novela “La Señora Dalloway”, posiblemente su obra más conocida. Ese mismo año conocería a la también escritora Vita Sackville-West, con quien mantuvo una relación amorosa a pesar de ambas estar casadas.  Aunque la relación entre ellas acabó sin que se separasen de sus respectivos maridos, la amistad se mantendría durante el resto de sus vidas.

A mediados de los años 30 Virginia era considerada una intelectual, una escritora innovadora e influyente y una feminista pionera. Sin embargo, a pesar de su éxito, ella continuó sufriendo regularmente episodios depresivos y cambios de humor dramáticos.

Virginia se reflejaba en los personajes de sus obras en los cuales la idea del suicidio y el miedo a la gente son recurrentes.  A pesar de sufrir terribles dolores de cabeza e insomnio, escribía a partir de su paranoia, pesadillas, inestabilidad y alucinaciones (consignó que escuchaba a los pájaros cantar en griego).

Algunos médicos que la trataron atribuyeron a la escritura sus problemas de salud. Inclusive algunos le recomendaron que la dejara ya que los brotes más fuertes que sufría, que en su diario ella definía como «la ola» y «el horror», se producían tras el gran esfuerzo que le suponía escribir. A pesar de estas recomendaciones Virginia siguió escribiendo…

El esposo de Virginia, Leonard, con quien mantenía una relación cuasi perfecta, siempre la observaba en búsqueda de señales que indicasen el comienzo de una nueva depresión. Así ocurrió mientras ella trabajaba en su obra “Entreactos” (publicado de manera póstuma en 1941), cuando su marido percibió que se hundía en una desesperación cada vez más profunda.

En ese momento, la Segunda Guerra Mundial se estaba desatando y la pareja decidió que si Inglaterra era invadida por Alemania se suicidarían juntos, temiendo que Leonard, que era judío, pudiera ser capturado por los Nazis. Por si fuera poco, en 1940 la casa londinense de la pareja fue destruida en un bombardeo alemán, lo que abatió más aún a Virginia.

Virginia Woolf tomó la decisión de irse de este mundo y dar por terminada una existencia llena de dolor y sufrimiento convencida de que no habría cura para su enfermedad y, que por el contrario, seguiría avanzando haciendo imposible la vida de su cuidador y esposo.  Entonces rellenándose los bolsillos del vestido con piedras, se zambulló en el río Ouse (Lewes, Sussex) el 29 de marzo de 1941.

Siguiendo dramáticamente lo narrado a través de su protagonista en su primera novela “Fin de Viaje” (escrita 26 años antes de morir) dejó una carta de despedida con unas cariñosas palabras a su marido antes de morir:

«Estoy segura de que, de nuevo, me vuelvo loca. Creo que no puedo superar otra de aquellas terribles temporadas. No voy a curarme en esta ocasión. He empezado a oír voces y no me puedo concentrar (…) Te das cuenta, ni siquiera puedo escribir esto correctamente. No puedo leer (…) No puedo seguir destrozando tu vida por más tiempo».

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