Alejandro Gaviria, primero lo más importante

Continúo ampliamente sorprendido con la decisión de Alejandro Gaviria de postularse como candidato presidencial, es una de esas cosas que tenemos que leer más de una vez y contrastar en varios medios para saber si es o no verdad. Todavía sigue fresca en mi memoria la entrevista que Juan Roberto Vargas le hizo el 21 de mayo del año pasado, con el entonces rector de la Universidad de los Andes. Desde ese momento, más allá de ver a Alejandro como un tipo bonachón, leído y con manías propias de un intelectual, me he estado preguntando si lo puedo ver como un político.
Pero después de hacer esa retrospectiva, puedo decir que ahí puede estar el problema de esta sociedad que parece vivir en un bucle. Soñamos con que las cosas sean diferentes, pero seguimos con el imaginario de un político llevando las riendas de este barco. En medio de aquella nublada tarde capitalina, con los focos puestos en el académico, fue muy grato para mí escuchar un discurso diferente y con una retórica atípica al político de sepa. Allí abordaron diferentes problemáticas, con el odio como una falla en nuestra democracia y como generador de crispación en nuestro país.
Colombia está pasando por un momento muy difícil, de acuerdo con el economista, estamos atravesando la crisis económica más grande en los últimos cien años de historia. Nuestra capacidad colectiva de conversar es cada vez menor y esto ha cerrado los espacios de discusión, a lo que Alejandro sugiere adherir un discurso mucho más empático y compasivo, siendo las figuras políticas los que deben dar ese paso. El académico contextualiza las movilizaciones que se han llevado a cabo en los últimos dos años como una oportunidad del Gobierno para haber escuchado a su gente y evitar la pérdida de confianza hacia cualquier institución de esta índole.
Promover el respeto hacia los Derechos Humanos, evaluar las reformas, la renta básica, el ingreso mínimo garantizado, el ingreso solidario y hacer un nuevo contrato social son algunos de los puntos clave que propone analizar el antes Ministro de Salud y Protección Social. Hasta aquí, todo es política y más de lo mismo, pero con un acento cachaco desde la academia más prestigiosa de Colombia. Alejandro me agrada como persona, lo respeto por sus logros y le deseo mucha suerte en su campaña, pero bajo ningún motivo voy a votar por alguien que ha manifestado en repetidas ocasiones que no cree en Dios.
Colombia no puede quedar en las manos de alguien con un ego tan grande que no reconoce la existencia de nuestro creador, siendo esto un motivo suficiente para seguir meditando por quién será mi voto. El tiempo está volando, el mundo va de cabeza para el barranco y el calendario electoral proyecta unos meses de mayo y junio de 2022 decisivos en la historia de este país. Lástima que, por lo visto, academia y fe no van de la mano, pero yo tengo muy claro cuál es la verdad y la conciencia tranquila. Esperemos a ver en qué termina esta vaina, mientras tanto sigamos atacándonos como bestias que así vamos muy bien.