Historias

Anécdota viajera: La loca Pulmantur

Annie Navia

Arquitecta de profesión, viajera por vocación y soñadora a tiempo completo. Creo en el viajar como parte del aprendizaje sobre otras culturas. Escribo solo para recordar y compartir aquellas experiencias que enriquecen mis viajes y alimentan mi vida.

 

En semana santa del 2019 hicimos con mi familia un crucero por el caribe.

Una tarde después de todo un día de sol, playa y caminar, llegamos al barco y decidimos subir al piso 11 a tomar algo. Cogimos un ascensor en el 1er piso y un señor y una señora subieron con nosotros. Entonces mi hijo Agustín (que tiene espíritu de ascensorista) se puso al frente del mando para presionar los botones solicitados y sostener las puertas cuando fuera necesario. Yo cómo madre orgullosa de que mi hijo encontrara a tan temprana edad su vocación, lo dejé.

Pero de repente el ascensor se detuvo en el piso 2 y nadie se bajó, ni se subió… entonces a aquel señor – que hasta el momento me había parecido amable – se le ocurrió decir:

  • Ah, ¿no se bajaba nadie? Claro, ¡es que el niño hundió todos los botones!!!

Ay, ay, ay… el pobre no ha dicho nada… creo que por su mente no se le pasó, lo que es la sensibilidad de una madre – nada estresada, por cierto – que no permite que se metan con su hijo. Automáticamente se me subió el Navia a la cabeza. Eso sí, antes de reaccionar me cercioré de que de verdad los botones no estuvieran marcados, así que una vez lo rectifiqué, procedí con mi argumento: (en un tono cortante y tajante)

  • ¡PUES QUE PENA CON USTED SEÑOR, PERO EL NIÑO NO LOS HA HUNDIDO TODOS!!!

Y estaba a punto de seguir defendiendo a mi pequeño, cuando casualmente el ascensor se abrió en el piso 3… así que, con aires de grandeza, me replica:

–  Ah no?? ¿Y entonces quién se baja aquí??

Así que yo (por puro orgullo, pero con mucha decisión) dije:

–  NOSOTROS, ¡NOSOTROS NOS BAJAMOS AQUÍ!!!

Y agarré a Agus del brazo y lo saqué.

Cuentan los que se quedaron en el ascensor, que el señor decía:

–  Pero yo no lo dije a mal.

–  No pasa nada.

–  Son niños, ellos son así.

Pero por más de que seguía justificándose, el silencio en aquel lugar era absoluto, y al ver que no encontraba complicidad concluyó:

– Eh, ¿Qué tal??? ¡Esa señora está LOCA!!

¡Pero lo qué tal vez no supo, es que iba ahí con mis 2 hermanas, mis 3 sobrinas, mi tía, mi prima y hasta mi mamá! Y lo que tal vez nunca sabrá, es que ellas con su silencio, le demostraban que lo entendían mejor que nadie.

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