Historias

Anécdota viajera: Tsunami

Annie Navia

Annie Navia

Arquitecta de profesión, viajera por vocación y soñadora a tiempo completo. Creo en el viajar como parte del aprendizaje sobre otras culturas. Escribo solo para recordar y compartir aquellas experiencias que enriquecen mis viajes y alimentan mi vida.

Era una tarde primaveral de domingo en Barcelona, de aquellas donde el sol tiende a iluminar más de lo normal. Aunque aún hacía frío, decidimos con una pareja de amigos ir a caminar alrededor de la playa.

El día estaba despejado, así que nos sentamos en una banca a contemplar el horizonte sobre el azul del mar mediterráneo. Un mar de aguas frías que acogía a todos los nórdicos que reconocen en el más mínimo rayo de sol un verdadero verano, solo ellos se bañaban en ellas.

Pero de repente, aquel día soleado de cielo despejado se convirtió en otro. El horizonte, comenzó a perderse, y una gran cortina blanca fue cubriendo el mar y acercándose de manera apresurada hacia la orilla, empezaron a desaparecer de nuestra vista los aviones, los barcos, las personas del mar, las personas de la playa….

De un momento a otro no se veía a más de 50 metros adelante… la gente comenzó a recoger sus cosas, todos salían del agua y corrían hacia la orilla sin poder encontrar un refugio, pero si huyendo de lo que no podían ver.

Yo me asusté, al igual que mi amiga… la verdad es que pensé que como mínimo era un tsunami… las 2 nos dispusimos a salir corriendo, no sin antes tratar de convencer a nuestros esposos que vinieran con nosotras, pero los muy valientes, siguieron sentados dispuestos a contemplar lo que para nosotras tal vez era el fin del mundo. No resignándonos a nuestra pronta viudez, decidimos quedarnos con ellos.

Poco a poco la gente (y nosotras) se fue tranquilizando al ver que era solo una GRAN cortina de niebla que sin ningún aviso había llegado a opacar el brillo de aquella tarde.

La niebla no fue pasajera y permaneció por un buen rato alrededor de parte costera de la ciudad, donde en las calles, los carros debían transitar con las luces encendidas.

Afortunadamente no fue lo trágico que imaginé, sino que solo fue un fenómeno más, repentino e inesperado de la naturaleza.

Y aunque yo me hacía vendiendo las fotos para CNN, no fue así, pero por lo menos hoy tengo una anécdota para contar.

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