Opinión

Arar el camino

Adriana Bermúdez

Adriana Bermúdez

Creyente en que con la verdad, todo se puede. Comunicadora social, Magíster en Administración.

Mientras orábamos por el dolor que atraviesa Venezuela, se consolidaron los resultados electorales y ya sabemos hacia dónde gira nuestra Colombia. Como era de esperarse, la mitad + 250 mil colombianos están felices, mientras la casi otra mitad no, pero así es la democracia. Eso fue lo que tuvimos que aceptar hace 4 años y bueno, padecimos lo inimaginable.

A partir del 7 de agosto viene un nuevo viento, viene un nuevo destino que, aclaro, no espero que sea perfecto. Incluirá, como siempre, tragarse algunos sapos que, esperamos, nos ayuden a lograr el objetivo de retomar el rumbo de Colombia.

Porque, si soy honesta, sigo cavilando con el resultado de estas elecciones. Sigo tratando de entender qué ven esos 12.708.312 colombianos en un proyecto político que, durante 4 años, no hizo sino mostrarles que estaba allí para réditos propios, no comunes. Que, en vez de darles una mejor educación, promovió que sus funcionarios sacaran títulos falsos de una universidad, todo para poder premiarlos con cargos públicos inmerecidos; que les prometió una Universidad del Oriente en Cali y lo único que les entregó fue un edificio viejo que hasta dificultades de acceso tiene, demostrando que hay cero inclusión en la realización de sus propuestas.

Sigo sin entender a las feministas que se halaron los pelos cuando un candidato le dijo a una periodista «la ignorancia es atrevida», pero votaron por el gobierno que llamó a las periodistas «muñecas de la mafia», ese mismo que dijo que si la mujer «acompasaba su clítoris con su cerebro», sería una gran mujer; aquel que puso a una mujer en la vicepresidencia sólo como fórmula para ganar, pero no para gobernar. Y tampoco entiendo cómo no le exigieron nunca a esa mujer que, desde cualquiera de sus cargos, luchara por el bienestar femenino, que demostrara de lo que somos capaces las mujeres.

Sigo sin entender a los colombianos que ven cómo su sistema de salud, absolutamente imperfecto durante 30 años pero funcional, está en el borde del barranco porque al gobierno que defienden se le ocurrió desfinanciarlo para poderlo acabar, como una venganza contra los empresarios del sistema, sin tener en cuenta que quienes trabajan y lo hacen operativo son colombianos cuyo principal objetivo es llevar comida a su mesa y a la de su familia.

Sigo sin entender a los noticieros que no hicieron mayor bulla con los gastos por mil millones anuales de Verónica Alcocer, patrocinados todos con el erario: masajista, fotógrafo, estilista, viajes, pero ahora sí están detrás del presidente electo, buscando de dónde ha sacado cada peso y en qué se lo ha gastado, cuando, hasta ahora, todo obedece a campaña, nada a dinero de los colombianos. Tampoco entiendo a los colombianos que, en silencio, vieron cómo en 4 años, esa primera dama no hizo NADA por nadie que no fuera ella misma, porque todas las que ocuparon ese cargo previamente trabajaron, en su mayoría, en favor de la niñez. En cambio, la actual no deja nada construido.

Sigo sin entender a los colombianos que votan por la continuidad de un gobierno que se robó la plata con la que se iba a llevar agua a la Guajira, y aplaudieron cuando les remplazaron el acueducto por bidones y bicicletas. Y a quienes hablan de transparencia y rectitud cuestionando al presidente electo, obviamente porque no es de su corriente política, pero apoyan un gobierno que fue elegido violando los topes de la campaña, llevando dinero en bolsas negras.

Sigo sin entender a los colombianos que apoyan un gobierno que decide emplear nuestros recursos para imprimir 10 tomos con todos los discursos de 4 años, en vez destinar ese dinero para darles libros de texto a los niños que estudian y no tienen cómo acceder a ellos. O a los colombianos que se van de Colombia por falta de oportunidades hacia un país capitalista y votan por el comunismo.

Tampoco puedo entender a esas personas pensionadas gracias a la ley 100 o antes, que reciben su pensión, que pueden heredarla a quien la ley permita, que gozan de la mesada 14, mientras votan por un gobierno que quiere darles una miseria a los pensionados, basado en el sueño de «redistribuir la riqueza»… de los demás, porque la de ellos continúa en crecimiento.

Sigo sin entender muchas cosas de mis compatriotas… y quizás, nunca las entienda, pero espero que Colombia, a partir del 7 de agosto, comience una verdadera reconstrucción que no será fácil, pero en la que necesitamos estar unidos para poder, al menos, dejar en 4 años el camino arado hacia la recuperación de Colombia.

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