Historias

Cuando la historia del mundo se partió en dos

Martha Lucía Barbieri

Martha Lucía Barbieri

Comunicadora Social -Yo soy la que soy –

Hace unos meses empezó la era del tapabocas, días nombrados como la nueva normalidad, mejor sería la nueva anormalidad. Se me hace un poco extraño pensar en ese mundo de antes, el de un pasado cercano y que algunos dicen que era normal, no tengo tan claro el concepto de lo que es la normalidad, es algo así como el promedio aceptado en las reglas sociales, lo regular y que no tiene diferencias significativas de lo colectivo, creo que nada ha sido completamente normal nunca. Más raro aún es hablar de estos tiempos de incertidumbre ya que un mundo con certezas es una ilusión. Si reflexionamos un poco, todos los tiempos son y han sido inciertos, lo único claro es la impermanencia y que algún día dejaremos este plano, moriremos, lo demás no lo sabemos. Estamos haciendo simplemente lo que la vida nos pide, sin reinventar nada porque la palabra no existe en el diccionario y porque su más cercana es inventar y los verdaderos inventores han sido pocos (en el sentido de hallar o crear algo nuevo) también se pueden inventar hechos falsos. La resiliencia (de la que se habla ahora) como esa capacidad de sobreponerse a los momentos críticos, todavía es desconocida para algunos y para otros, forma únicamente parte de un léxico de moda.  Es curioso que en este momento, cuando nos enseñan tanto a vivir en y valorar el presente estemos añorando un pasado en el cual también nos quejábamos.

Como ya sabemos, se vive la mayor crisis de salud pública en la historia reciente del mundo y sí se siente que ésta se partió en dos, hay un antes y un después de la enfermedad infecciosa llamada Covid-19. Todo lo que usted haga después de su cuarentena será su primera vez, después de todo, esta es su primera pandemia.

Esta película que protagonizamos es comparada con una guerra o un ataque terrorista, mantiene a las personas en estado de alerta y alteración y no me refiero específicamente a los que tienen infundido pánico por el virus, sino a la susceptibilidad de la población en general a sufrir diferentes tipos de daños y efectos adversos: Hay economías desplomadas, pobreza, desigualdad, aumento de la desnutrición infantil, caos, información inexacta y desacertada o sobre información, pánico social, distracción de lo primordial, división, especulaciones, temas políticos en la mira, resentimiento, rechazo por el otro, paranoia, pensamientos negativos, personas haciendo daño intencionalmente para contagiar y unos pocos buscando exclusividades en momentos que no son para eso, el planeta dando puntadas para llevarnos al vegetarianismo, indefensión de las minorías, efectos colaterales como empeoramiento de enfermedades previas, ansiedad, depresión, soledad, insomnio…el simple hecho de que alguien no haya podido desplazarse de un lugar a otro ya es un factor contraproducente. Experimentar recurrentemente el miedo, hace que el Cortisol (una hormona que en condiciones fisiológicas se eleva sólo para mantener el cuerpo alerta y listo para los desafíos del entorno) permanezca constantemente elevada en niveles no fisiológicos, lo cual es perjudicial para la salud.

The Rebel Bear en Glasgow – Escocia

Dicho lo anterior, hace que paralelamente a la pandemia se genere una sindemia, para quienes no conocen el término, es una condición que surge en las poblaciones y que se agrava por factores económicos, sociales, de medio ambiente y políticos lo cual aumenta la vulnerabilidad, es decir, lo que ya vemos que está sucediendo.  Es por este motivo, por la sindemia, que a mi parecer la OMS (Organización Mundial de la Salud), se pronunció el lunes pasado diciendo que no abogan por las cuarentenas como el único medio de control de este virus pues los bloqueos sólo hacen que la gente pobre sea más pobre. Sin embargo, para lograr un balance entre las restricciones y la «vida normal» que tanto añoramos hay que realizar pruebas y detectar en dónde está el virus.

Claro está que aún no podemos controlar el virus, ni la enfermedad, pero sí tenemos facultades y potestad para dominar cómo comportarnos y de esta manera no caer en un autosabotaje. Sí, su vida sigue, entonces disfrute la pandemia (si se puede decir así) y procure que su libre albedrío lo haga actuar con sensatez cuando se reúna con más personas, con mesura cuando deba asistir a lugares públicos por necesidad, con moderación al realizar su trabajo de manera presencial y con asertividad al tener algún tipo de celebración. También conocemos algunas medidas de contención como guardar distancias (nunca antes dos metros habían significado tanto), lavado constante de manos, permanecer en aislamiento social en caso de necesidad y usar tapabocas.

Las curvas, los picos y ser positivo ahora tienen una connotación muy diferente y el tapabocas empezó a convertirse para siempre en un emblema social, un símbolo y una metáfora visual. Un mensajero poderoso. La moda ahora es usar barbijos, es parte de la cotidianidad y lo va a ser durante un tiempo.

Pensemos un poco más en esos pedacitos de tela. La primera vez que me puse uno posiblemente fue en algún juego infantil, supongo que iba acompañado de una bata blanca y un fonendoscopio de plástico. Pasaron los años y ahora comparto mi vida con un médico, como en casa de herrero azadón de palo y bajo el lema de que «esto no es un quirófano y acá no operamos», esas mascarillas jamás rotaron por mi casa. Cuando empezó la cuarentena obviamente no tenía dicho artilugio y era un poco tarde para comprarlos porque estaban agotados. Con frecuencia he utilizado foulard (pañuelo) en el cuello o la cabeza, así que parece que también ejercerían la función de cubrir mi nariz y boca. Al llegar el día de ir al supermercado, recordé que tenía en una caja archivada un par de tapabocas que me había obsequiado alguna vez un vendedor de pinturas. Esa fue entonces la primera vez que lo usé como prenda y ya dejaba una reacción alérgica en la piel de mi mentón.

Después de hacer mis compras regresé llorando a casa de sentir el ambiente tan enrarecido, de no ver completamente el rostro de las personas y de traducir en mi mente no sólo las palabras sino también la expresión en sus caras.

Pasaron unos días y surgieron protestas en diferentes lugares y por varias razones, en algunas ciudades de Estados Unidos se originaron alborotos incluso motivados por el uso del tapabocas y lo rechazaban argumentando causas como ineficacia, una falsa pandemia, no necesitarlo ya que la información y acciones de algunos líderes era que sólo rondaba un leve resfriado. Grandes letreros con mensajes referentes a que los dejaran respirar, videos mostrando personas aludiendo que fueron creadas por el aliento de Dios y que usar mascarillas iba contra él y contra la creación de la vida misma, hasta me rotó una imagen en redes de una mujer gritando que no usaba tapabocas por el mismo motivo por el que no usaba «calzones». Manifestaciones han seguido en diferentes partes y motivadas por varias situaciones, recuerdo ahora una congregación de miles de personas el 13 de septiembre en Henderson, Nevada, que violó normas de salud estatales (algunos además sin mascarillas) y a favor de un candidato presidencial.

The Lovers por el artista noruego Pobel en Bryne- Noruega

Después de ver todo esto me di cuenta que el tapabocas se había convertido también en una herramienta y bandera política y que esto sería más relevante incluso que seguir unas pautas básicas de salud. Note usted el mensaje que se envía cuando uno de los líderes más importantes regresa de su hospitalización y lo primero que hace es menospreciar y retirar su mascarilla, esta imagen de soberbia y desafío a la ciencia en un mundo visual en donde la gente no lee ni escribe, es una acción desacertada para combatir un patógeno nuevo.

Recuerde que aunque haya escuchado algún tipo de información para tratar el Covid-19, no hay hasta el momento tratamientos profilácticos ni curativos y si decide ingerir algo por decisión propia puede ser dañino para su salud. No obstante, sí está demostrado que las mascarillas ayudan a disminuir la propagación. Podría casi asegurar que los barbijos se seguirán viendo dentro de unos años (de manera opcional espero) en lugares como aeropuertos, conciertos, transporte público, templos, etc.

En estos tiempos sin nombre, que sí tienen nombre pero así me suena más poético, además de adolecer por la pandemia me atrevo a decir que todos padecemos la sindemia en algún grado y de alguna forma. Podemos ayudar a contener ambas desde la posición en la que nos encontremos.

En este jueves de volver a lo que fue, lo que es, lo que siempre será… es una gran oportunidad para considerar sobre la enseñanza que le está dejando los momentos a los que todos llamamos tan inciertos. Desistamos de anhelar una normalidad que seguramente nunca ha existido en la humanidad, olvidémonos de añorar el planeta de antes y vivamos de la manera más consiente lo que la vida nos exige. Que sus síntomas sean únicamente de amor, sabiduría, agradecimiento por lo que tiene y muchos cuidados.

Artículos relacionados

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba
  • https://virtual4.emisorasvirtuales.com:8190/live
  • Tolima Online