Opinión

Del discurso viral al debate que necesita el país

Sara Moreno Ruiz

Sara Moreno Ruiz

Columnista Invitada

Tiene razón Lina Garrido, representante a la Cámara por el partido Cambio Radical, quien intervino durante la instalación del Congreso de la República el pasado 20 de julio. Aunque el gobierno del presidente Gustavo Petro fue elegido con la promesa de combatir la corrupción, ha protagonizado tantos —o incluso más— escándalos que sus antecesores. Entre ellos, el de los presuntos sobornos desde la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) para asegurar la aprobación de algunas reformas. Una modalidad de corrupción bien conocida en el país, y de la cual los colombianos estamos hartos.

Este gobierno tampoco se ha librado de la infiltración de mafias en sus asuntos. “Papá Pitufo”, un reconocido zar del contrabando, ha seguido operando. Y está el caso de su propio hijo, Nicolás Petro, acusado de haber recibido dineros del narcotráfico que habrían ingresado a la campaña presidencial.

Tampoco ha estado libre de escándalos que involucran a altos funcionarios, como el de la niñera de Laura Sarabia; los de Armando Benedetti con Sarabia y con su expareja; o los del actual presidente de Ecopetrol, Ricardo Roa, relacionados con su pareja. Todos han sido ampliamente documentados por la prensa, aunque hasta ahora no se han producido fallos judiciales.

Quien haya creído que en este gobierno no se repetirían estas prácticas, se dejó meter el dedo en la boca. Lo cual, claro está, no exonera de responsabilidad ni al gobierno ni a sus protagonistas. Por el contrario, al haber hecho esa promesa, la responsabilidad es aún mayor.

Pero eso no fue lo único que enumeró la Honorable Representante del departamento de Arauca. A Lina Garrido no se le escapó nada de lo malo que, según ella, ha sucedido durante este gobierno: desde el atentado contra el senador Miguel Uribe Turbay —precandidato presidencial del Centro Democrático— hasta la crisis de seguridad en varias regiones del país, con aumento de masacres y asesinatos de policías y soldados. También cuestionó la crisis del sistema de salud que, según el presidente, se debe a la oposición que ha bloqueado la aprobación de su reforma, y según sus críticos, a una estrategia oficial para asfixiar el sistema y forzar el cambio. Lo cierto es que muchos pacientes han notado un grave deterioro en el servicio durante este mandato, y el presidente debe asumir esa responsabilidad.

Garrido aseguró que Petro se “disfrazó” de feminista y ambientalista para ganar la simpatía de votantes afines a la vicepresidenta Francia Márquez, pero luego la traicionó. Instó a los ministros a prepararse para eventuales denuncias por presuntas irregularidades en el proceso de la consulta popular, y les recordó los calificativos de “perezosos, traicioneros e incompetentes” que, según dijo, el presidente les dirige con frecuencia. También cuestionó el manejo de la agenda internacional y le ofreció al presidente un cuadro con la imagen de niños víctimas del conflicto en Arauca, para que acompañara al que —según ella— tiene en su despacho de un niño palestino.

Por último, manifestó sentirse amenazada, tanto por grupos armados (ELN, disidencias de las FARC), como por actores del gobierno a través del “ejército digital”.

Es valioso que la representante haya aprovechado su intervención para decirle al presidente, de frente, todo lo que no parece estar saliendo bien en su gobierno, a pesar de sus promesas, e inmediatamente después de haber él mismo enunciado sus aparentes logros. Sin embargo, para hacer ese listado, no era necesario que dijera que en el gobierno “olía a azufre”. Sobre todo si reconoce la gravedad del atentado contra Miguel Uribe, la historia de violencia de este país y la necesidad urgente de reconciliación para avanzar hacia el bienestar de todos los colombianos.

Por otro lado, y en honor a la verdad, hay que reconocer que, tan ciertas como fueron muchas de las críticas que enumeró Garrido, también lo fueron algunas de las que hizo el presidente a nuestra democracia. Por ejemplo, los fallidos intentos de reforma agraria, desde los tiempos de López Pumarejo, Carlos Lleras Restrepo y la Ley 160 de 1994, impulsada por César Gaviria. Este es un reto crucial para la consolidación de la paz y el bienestar de los colombianos, y le ha quedado grande a nuestra democracia.

¿Por qué? Sin extenderme en detalles para no abusar de este espacio, coincido con Petro en que no hemos sido capaces de superar la mezquindad de las clases social, económica y políticamente dominantes desde los orígenes de la República.

Pero una cosa es plantearlo con humildad y autocrítica como un desafío pendiente, y otra muy distinta es hacerlo mediante señalamientos incendiarios. Porque, como en el caso del “olor a azufre” citado por la representante, este tipo de expresiones resultan contraproducentes para el objetivo de reconciliarnos, que es prioritario para avanzar como país. Aunque sirvan, en ambos casos, para atizar la división social, lo cual puede ser rentable electoralmente.

Ya vimos que el discurso de la representante —quien por primera vez usó sombrero para su intervención— se viralizó. Lo que está por verse es si servirá para solucionar las enormes dificultades que enfrenta la nación. El ministro del Interior anunció que la denunciará por injuria y calumnia, y se han revivido críticas a su carrera política, en parte por los procesos de corrupción enfrentados por su padre, quien en 2017 fue arrestado e inhabilitado para ejercer cargos públicos.

También hay que reconocer la histórica cooptación del Congreso por élites políticas y económicas que han legislado en función de sus propios intereses, y la necesidad urgente de promover un debate más plural, en beneficio de todos los colombianos. Solo así el país podrá desarrollarse de forma justa. Esto último tampoco lo hemos logrado, y habría que decirle al presidente que no está claro que su bancada esté legislando con ese propósito.

De manera, queridos lectores, que la tarea a la que nos enfrentamos en Colombia es larga y tendida, y más que de discursos virales, requiere de actos de contrición.

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