La ilusión de renovar un país

En febrero de 2022 volví a seguir de cerca las elecciones en Colombia. Me gustó la propuesta del Nuevo Liberalismo y me entusiasmé con la idea de que se renovara el Congreso y de un presidente con las calidades de Juan Manuel Galán para el país.
El Congreso quizás sí se “renovó”, y lo celebré, a pesar de que no ganaron mis candidatos, así como la posesión de Petro. Nuevas caras, nuevas propuestas y la ilusión de un país más inclusivo con la elección del primer presidente de izquierda y la primera vicepresidenta negra.
Sin embargo, a lo largo de los meses y los años que siguieron, lo que vi fue la continuación de los enfrentamientos entre las “nuevas” y las “antiguas” figuras, y a un presidente que, en lugar de promover la paz y el progreso, continuó dividiendo al país entre los “buenos” —ahora quienes supuestamente representaba su gobierno— y los “malos”, en cabeza de antiguos representantes de la política.
Por más buenas ideas e intenciones que tengamos, nunca podremos avanzar si convertimos el gobierno de un país en una pelea.
Los resultados de las elecciones de marzo, en las que se eligió el Congreso que se instalará el próximo 20 de julio y se definieron varios precandidatos a la presidencia, me dejaron sentimientos encontrados: por un lado, la evidencia de que el país sigue muy polarizado; pero, por el otro, la posibilidad de que distintos y antiguos rivales dialoguen y el país progrese, con candidaturas como las de Paloma Valencia y Juan Daniel Oviedo.




