Historias

DESPACITO

Martha Lucía Barbieri

Comunicadora Social -Yo soy la que soy –

Hoy como otras veces me inspiro en mí para mi relato. Hace unos días recordé la sensación de vértigo, esa impresión de movimiento o giros que relacionamos con el mareo. Años atrás adolecí está patología bastante desagradable y difícil de tratar. Se siente perder el control del cuerpo al punto de caer, debido a la falta de equilibrio y estabilidad y se experimenta bastante confusión. Percibo casi la misma sensación en nuestro correr por la vida, en esta cultura «express». Permanecemos en piloto automático, en la vía rápida  y queremos siempre tomar el camino que nos conduzca por ella, la misma vía acelerada por la que llevamos nuestro propio existir y que está claramente señalizada con grandes letreros que nos recuerdan que el tiempo es oro y que ese precisamente es el pensamiento recurrente de muchos: el tiempo y el dinero.

Vivimos en el Kronos, en el tiempo del reloj y dejamos que éste sea el que marque nuestros ritmos. Entiéndame bien: una cosa es la puntualidad, respetar horarios y fijarnos ciertos objetivos; otra es observar cómo nuestras premuras hacen que lo verdaderamente esencial de la vida se escape con los minutos, como arena entre nuestros dedos.

Bromo Seltzer Arts Tower – Baltimore – Foto Martha Lucía Barbieri

Desde que somos niños soñamos con acelerar el tiempo para hacernos grandes, ignorando que esto sólo nos traerá más responsabilidades y alguno que otro agobio. Hay que casarse rápido para tener hijos y casi sin percibirlo empezamos a apurar a nuestros niños desde que son muy pequeños para que se bañen rápidamente, se vistan con velocidad, desayunen pronto… también los instamos a ser los primeros y más raudos, jamás he escuchado a un padre decirle a sus hijos que sea el más lento, por el contrario, hay que sobre estimularlos y que ingresen precipitadamente al jardín, que hagan muchas actividades extraescolares, que aprendan a leer muy pequeños…ahhh y cuando sepan leer es importante que inicien el curso de lectura rápida, porque eso los ayuda no sé a desarrollar qué. Transmitimos esta sensación a los niños y les vamos heredando nuestros afanes. Siempre recordaré a una de mis vecinas en Bogotá que tiene un niño exactamente de la edad de mi hija. Un día me la encontré cuando nuestros bebés tenían tan solo un año y me preguntó en qué jardín iba a matricular a mi niña, yo le respondí que era demasiado pronto para pensar en ello y que realmente no tenía ni la intención, ni la prisa, ni la necesidad, entonces ella me miró extrañada y fue enfática al decirme «la vida va así», mientras chasqueaba sus dedos aceleradamente.

Cuando es de día deseamos que sea de noche, apresuramos la semana para que sea pronto el viernes, el día de pago, el siguiente puente festivo, el fin de año. Comemos en los escritorios, nos pasamos a las filas más cortas en los supermercados, deseamos dietas de rápido efecto, medicamentos de rápido alivio, esmaltes de secado rápido, incluso en las vacaciones, que son un tiempo lento y de descanso, sentimos la urgencia de conocer varias ciudades en pocos días para que se note que el viaje fue productivo.

Aprender un idioma en seis meses (algunas publicidades prometen hasta tres), ser atendidos con prontitud en restaurantes y que el pedido llegue casi de inmediato, la comida rápida nos «salva» algún almuerzo (aunque ahora trata de retornar la comida lenta) e ingerimos presurosamente nuestros alimentos, incluso mientras hacemos otras cosas como conducir. Hablando de conducir, creo que soy casi la única que les dice a los taxistas que vayan más despacio y algunos sorprendidos me han replicado que nadie les había pedido eso jamás, pues siempre solicitan lo contrario. Despacio que voy de afán, insisto yo.

Taxi – Foto Agustina Morales Barbieri

Quién no quiere Internet de alta velocidad o ha tenido un jefe que necesita todo para «YA»?. El comercio nos vende desde septiembre o antes los artículos de diciembre y varias situaciones de la cotidianidad están calculadas y planificadas con muchos meses de anticipación. Con cuanto frenetismo llevamos todo que hasta nuestros trazos y pasos han cambiado.

Seguramente cuando le han preguntado la hora si es por ejemplo la 1:21 ha dicho que es la 1:25. Yo solía hacer eso, un día tuve una revelación y me dije: «si son las 8:28 esa es la hora, no son las 8:30, no son dos minutos más porque simplemente no han llegado».

Correr es uno de los deportes de moda, ahora hasta hay maratón para ver las series de Netflix. En verdad, no entiendo en dónde está el disfrute de la velocidad al leer un libro o ver series. No hay nada más placentero que la lentitud que da un momento de lectura o un buen programa.

«No tengo tiempo». «tuve un día de locos», «con muchas cosas por hacer», «es que el tiempo no me alcanza», «tengo afán», «aquí corriendo», «no tuve un minuto», «no pude ni almorzar»…son frases que escuchamos constantemente y que  hasta nos hacen creer que somos importantes y ocupados. También son frases comodín que sirven de excusa en algún momento. Ese patrón de comportamiento de hacer muchas cosas en poco tiempo hace que cada vez seamos más impacientes y nos convierte en personas desconcentradas, olvidadizas, sin enfoque y con altos niveles de ansiedad.

🎼»…Despacito déjame sentir tu cuerpo despacito…esto hay que tomarlo sin ningún apuro…» «pasito a pasito suave suavecito…» 🎼

Permanecemos en cámara rápida y tanto el placer de estar ocupados como el del ocio están desvirtuados. Miremos y acatemos la señal de alto en el sendero. Por qué vamos tan de prisa y aceleramos sin necesidad? igual nuestros días en este plano son limitados y el mundo seguirá girando cuando no estemos. Hasta amamos de afán y sin tiempo casi para la etapa de conquista queremos que se enamoren rápidamente de nosotros, besamos rápido, queremos amigos sin cultivarlos y cuando decidimos olvidar nuestra intención es hacerlo de inmediato olvidando que todo es un proceso.

Estación de Tren – Foto Martha Lucía Barbieri

Para qué queremos que el tiempo pase presuroso?  para envejecer más pronto es lo único que se me ocurre y cuando seamos mayores y debamos ir obligatoriamente más despacio, desearemos retroceder el tiempo y palpar nuevamente la lozanía en el rostro y lucidez en la mente que quedaron enredadas en alguna vía de alta velocidad.

Los animales no vibran en la premura y el afán, aunque la naturaleza no deja de asombrarme y en ocasiones he visto uno que otro árbol marcar la estación desde antes de que haya llegado la misma, entonces pienso que ese árbol enloqueció. Quizás le transmitimos nuestras urgencias a la madre tierra pues hasta la cosecha la queremos recolectar antes de lo previsto.

Ahora todos queremos que salga rápidamente una vacuna, con sólo nuestro pensamiento pretendemos acelerar su proceso y seguramente se saltarán algunas etapas de la misma que deberían transitarse con mesura, cuidado y calma, muchos trabajan apresuradamente para que esto ocurra y salgamos veloces a aplicarla.

Detengámonos un momento a respirar, estos vertiginosos tiempos nos dejarán sólo mareos sin sentido. Hagamos lo que la vida nos urja y lo que nos urge es el Kairos: el tiempo perfecto y favorable, el instante preciso y ese momento oportuno y único.

La filosofía taoísta enseña algo muy bello, se llama Wu Wei que significa la forma natural de hacer las cosas, sin forzarlas para que su armonía no sea desvirtuada.

Mi madre siempre me dice que voy aceleradamente: pienso rápido, reacciono rápido, camino rápido. Hoy me detuve, como me ha tocado hacerlo tantas veces, sólo a respirar y concentrarme en ello, únicamente a sentir lo que está más cerca de mí: mi corazón y mi respiración. Pido que el tiempo pase lento, me trate con dulzura y atesoro cada minuto.

Algún día estaremos en el Aión, ese tiempo eterno y divino en donde el reloj desparece. Permitamos que la vida lleve su curso, sin detener el tiempo en nuestros cuerpos recurriendo a los quirófanos y sin la avidez y los apuros con la que la queremos llevar.

Porque hoy es jueves de volver a lo que fue, lo que es, lo que siempre será… porque hay un tiempo para todo y vendrá otro jueves para que me lean. Hoy les doy gracias por los minutos que dedican a esta lectura y les dejo este aforismo: Festina Lente (apresúrate lentamente), vamos despacio que tengo prisa.

«Qué provecho saca el que hace algo, de aquello en que se afana?» 

– Eclesiastés- 3:9 

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