Historias

El amor a la meteorología, un colombiano comprometido con la seguridad aeronáutica

Gabriela Casanova

Periodista en formación – Universidad de Ibagué

Jorge Alonso Semma Romero es un meteorólogo aeronáutico de clase 4, quien hizo parte del
Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales en Colombia. Estudió en el Centro de
estudios aeronáuticos en Bogotá por dos años. Al graduarse, trabajó en el aeropuerto Puerto
Carreño, en su estación sinóptica principal desde 1980 hasta 1984. Luego, tomó el cargo de
radiosonda por cuatro años en la estación de altura ubicada en el aeropuerto Las Gaviotas en el
departamento del Vichada. Después, fue trasladado al aeropuerto Vanguardia de Villavicencio,
donde trabajó desde el año 1986 hasta 1992.Durante su estadía en la capital del Meta, fue
convocado a un curso internacional dirigido a Centroamérica y Suramérica, patrocinado por la
OMM (Organización Meteorológica Mundial) y obtuvo el mejor promedio. Debido a su logro, le
dieron la opción de trabajar en el aeropuerto El Dorado en Bogotá, aceptó y laboró hasta el año
2000.
Entrevisté a Jorge Semma Romero para saber qué involucra su trabajo, ya que no se ha hablado
mucho sobre la meteorología aeronáutica en Colombia o desde el ojo público, no hay suficiente
información sobre esta carrera. Por lo tanto, tuve una conversación interesante con él en la que
me relató sus vivencias y experiencias en este mundo, que se vive sobre todo en los aeropuertos.

¿En qué consiste la meteorología aeronáutica?

Este tipo de trabajos están enfocados en la seguridad en la aviación, para que los tripulantes de
cualquier aeronave, llámese privada, comercial o militar, tengan su vuelo seguro. Se trabaja para
entregar información de tal forma que los tripulantes sepan qué hacer y qué van a encontrar en sus rutas de destino.

Heliógrafo construido por Jorge. Se utiliza para registrar la intensidad y duración de los rayos solares.

¿Podría dar un ejemplo?

Si el tripulante tiene un vuelo internacional saliendo en este caso de Bogotá, entonces, tiene que
ingresar a la oficina de la información aeronáutica, allí van a encontrar todo lo concerniente a las
condiciones que ellos van a encontrar en el vuelo. A cada vuelo le prepara una carpeta con la
información donde van a encontrar la ruta que van a emplear: el nivel de vuelo, si hay
turbulencias, formación de hielo, tormentas o cualquier tipo de novedad. Si hay una tormenta en
formación, entonces, ellos tienen que desviarse o tomar mayor altura para así no entrar en el mal
tiempo.

Anemógrafo, el cual se utiliza para la medición del viento a 10 m de altura Foto: Universidad
Nacional de Tucumán.

Durante la entrevista, Jorge mencionó los códigos aeronáuticos.

La información aeronáutica que se utiliza en la aviación va cifrada. Todos son códigos y claves. Son
100 códigos que se emplean dependiendo de los meteoros (litometeoros, electrometeoros,
fotometeoros). Por ejemplo, una lluvia que haya en un aeropuerto se le llama 60. Ahorita
mencioné el 60, si es una lluvia ligera, entonces se cifrará como 60 Romeo Alpha. La R (Romeo) y la
A (Alpha) hace parte del alfabeto en aeronáutica.

¿Son códigos internacionales?
El alfabeto aeronáutico se utiliza aquí y en cualquier lugar del mundo. Si hay una aeronave que
viene de Alemania a Bogotá, entonces, ellos van a pedir la información de su lugar de destino.
Cuando le llegue la información a su pantalla, va a encontrar la ciudad de destino cifrada y códigos
con respecto al viento, al alcance visual de la pista, al fenómeno que se esté presentando en ese
momento, a la temperatura del aire y la presión.

¿Algún evento en particular en su trabajo?
A mí me place mucho que un tripulante se acerque a mí y me pida la información. Una de estas
noches en mi trabajo, recuerdo un tripulante que tenía un vuelo desde Bogotá a San Andrés. Esa
vez yo le informé que había unas condiciones de muy mal tiempo cerca de San Andrés y que, de
pronto, iban a tener problemas. Así que, la aerolínea debió cancelar ese vuelo o haberlo
pospuesto. Pero como un avión en tierra no produce dinero, entonces decidieron salir. Se fueron,
y justo llegando a San Andrés, las condiciones estaban pésimas e intentaron aterrizar. Fue muy
riesgoso, casi sucede una tragedia, ellos decidieron abortar y devolverse hasta Panamá. Se perdió
tiempo, dinero en combustible y tuvieron que darles alojamiento a las personas.

¿Tuvo alguna calamidad en su trabajo?
Este cargo es de alto riesgo. Uno está siempre en el exterior tomando datos. Salir a tomar datos
con lluvia y tormenta es riesgoso, puede caer una chispa de rayo. La información del viento se
toma a 10 metros de altura; entonces, eso, en algunas ocasiones puede hacer de pararrayos. Por
ejemplo, salí a hacer unas observaciones un día que había tormenta y estando yo dentro de una
caseta donde está el sensor de viento, una chispa de rayo cayó en el encordado que trae el jardín meteorológico. Yo quedé petrificado, la luz que deslumbró me dejó por un momento ciego. Quedé muerto del susto.

Estación meteorológica. Foto: Climántica

Le pregunté a Jorge si alguna vez decidió tirar la toalla y me contestó con un rotundo no. «Desde que comencé a estudiar esto, me apasiona; y hablarlo, mucho más», comentó en medio de la entrevista. Me pareció interesante la conversación de una hora que tuvimos sobre el tema, hay mucho conocimiento de por medio y es algo admirable.

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