El campito de Kathy, un refugio para perros llenos de cariño

Katherine Revelo García tiene 51 años y, actualmente, es la dueña y fundadora del Campito de Kathy, un refugio de perros ubicado en la ciudad de Ibagué. Estudió Gestión de Mercado en el Sena y Dibujo Arquitectónico en la Universidad del Tolima, sin embargo, solo aplicó el mercadeo dentro del campo laboral. En el año 2014, decidió abandonar su trabajo para dedicarse al 100% al rescate, recuperación, cuidado y adopción de perros que están en situación de calle. Katherine ha salido adelante con y sin ayuda; pero no se rinde, ya que su propósito en la vida es no dejar solos a los animales necesitados.
¿De dónde nació el amor por los animales?
Ese amor por los animales es educación y casa. Mi familia siempre ha sido muy apegada a ellos. Mis abuelos eran fanáticos, alimentaban a los gatos de afuera y tuvimos varios perros. Sobre todo, mi abuela era intocable en ese tema. Donde nos criamos, todos sabían que los amparábamos, así que, llegaban con el perrito y el gatito. Mi abuela tenía hasta 6 gatos, también pájaros, pollos, conejos, le encantaba todo eso. Mi papá era un poco más estricto, pero siempre había animales.

¿Cómo inició el Campito de Kathy?
Inicié con tres perritos que llegaban a donde yo trabajaba y decidí ampararlos. Esos 3 perritos llamaban a más y, luego, me di cuenta de que tenía 10, después 15. Así que, de un momento a otro, me metí a esto. Solía trabajar en una empresa familiar de estructuras metálicas; hacíamos toda la parte metálica de ventanas, balcones, entre otros. Y como el sitio era muy grande y campestre, comenzaron a aparecer los perros. Cuando llegamos a este sitio a poner el negocio, ya había perros maltratados, entonces, los acogimos, comenzamos a sacarlos adelante y empecé con la cultura de ponerles agua. Pensamos en ubicarlos en un espacio del sitio, ya que ellos querían pasar más tiempo allá adentro. Por lo tanto, nos veíamos con muchos roces en la parte de trabajo porque llegaban a cargar los camiones y tocaba estar pendientes de los perros; por tanto, se volvió un problema. En ese sitio hicimos una perrera pequeña, donde los albergábamos, pero no terminó ahí.
Hubo un momento en el que tuve que definir si escogía mi trabajo o mi vida haciendo labor social. Ya había trabajado en muchas partes, ya había hecho lo que uno desea al realizarse como persona; tengo un hijo y para aquel entonces, él ya estaba muy grande, por lo tanto, dije: “No, me voy a quedar con la labor social”.

¿Cómo construyeron el refugio actual?
Pasaron unos años y fuimos a buscar otro sitio con los perritos. Llegué sin nada, solo con ellos, ni siquiera estaba la doble calzada del aeropuerto. Era terrible porque debía adentrarme al campo y me tocó arrendar una bodega para encerrarlos y evitar que se fueran. Realmente pensé que no iba a poder, fueron muchos días difíciles. No había mucha comida y no nos conocía nadie. También, fui conociendo el mundo de la veterinaria, a ver con quién se podía trabajar, quién nos podía dar mejores precios.
Inicialmente, mi hijo había sido el soporte de todo esto, pero se fue a Bogotá. Yo estaba con dos amigas que me ayudaban, me sirvieron de fiadoras, porque necesitaba para el arriendo. Me acuerdo que una arquitecta de la consultora Colpatria nos ayudó y nos regaló unos módulos de cerramiento de obra y, por otro lado, la gente nos donaba las tejas. De esta forma, los perros no se salían a la avenida. Nos turnábamos con mis amigas y hacíamos actividades para recaudar fondos, una era experta en manualidades y vendíamos lo que hacía. Mis amigas comenzaron conmigo y luego tuvieron que viajar; una a Estados Unidos y la otra a España.

En este momento tienen una problemática con el predio en el que se ubica el refugio, ¿podría explicar cuál es?
Tenemos una problemática terrible, ya que el sitio actual lo vamos a tener que desocupar. La persona que nos arrendó a nosotros no era el único dueño del predio, por lo tanto, ya salió la sentencia en contra del señor que nos alojó. Luego, alguien nos dijo que nos donaba un sitio, comenzamos a adecuarlo, después, nos dijo que no, que ya lo iba a vender. Así que, ahorita nos toca recoger todo lo que hay allá, porque no pudimos trabajar con él y perdimos el cerramiento que habíamos hecho para cuando nos íbamos a pasar. No tener un lugar es una falencia. Pedimos ayuda a la Alcaldía y la Gobernación para que nos presten un predio y dicen que no tienen. Estamos buscando un lugar y para mayo debemos abandonar el predio. No hay ningún plan B, porque nuestros perros no van a quedar desamparados y tampoco los vamos a entregar, es lo único que tengo claro.
¿Cómo es su rutina de trabajo?
Voy algunas veces a la semana, otras veces va mi compañero (persona a quien le pago). Distribuimos el tiempo, tratamos de turnarnos para llevarlos al médico, cuidarlos y recolectar fondos. Antes, estuve 5 años sola, donde yo llegaba todos los días a las 8 de la mañana y me iba a las 7 de la noche, ya teníamos ahí 70 perros. Entonces, tuve que pensar en buscar a otra persona que me ayudara porque por el cansancio no me daba.

¿Cómo es el tema de donación?
Nosotros tenemos varios canales para que la gente nos pueda ayudar a donar. Se puede comenzar a donar por tiempo, porque sería excelente que la gente donara horas para nosotros y no tener que pagar un sueldo a ayudantes. También, hay medios de pago, donde las personas puedan dar sus donaciones de dinero. Si usted quiere pagar el concentrado, el medicamento y quiere donar una esterilización, nosotros tenemos ciertos sitios con los que trabajamos, usted puede ir y pagar un procedimiento. También, tenemos el ´Plan Padrino´, que nos ha dado mucho resultado. La persona puede ir y ver los perritos, puede apadrinarlos, y seguir respondiendo por su manutención; desde una cuota básica pueden regalar vacunas, comida y pueden llevarlo a la casa los fines de semana. Esas personas comienzan a hacer ese plan y muchas veces resultan quedándose con el perro.
¿Qué tipo de perros albergan en el refugio?
Tenemos tres grupos: el grupo de los viejos, los discapacitados y los perros adoptables, que son más fáciles de adoptar porque son jóvenes. En este momento, tenemos 104 y en guardería tenemos por ahí 20 más, entonces, tenemos aproximadamente 130. Hay perros discapacitados que no pueden estar con los demás perros por su condición, es complejo. En guardería hay 3 perras discapacitadas con silla de ruedas y el resto son viejos. Como la guardería es aparte, entonces, los pasamos a personas que nos ayudan y pagamos una mensualidad para que estén 24/7 acompañados. Esas personas suelen trabajar en su casa y gracias a esto, pueden monitorear al perro.
Tenemos a los perros viejos que todo el mundo saca de la casa porque comenzaron a volverse como el humano: renales, hepáticos, cardiacos y la gente es muy desagradecida. Los perros les dan lo mejor a uno y han sido compañía todo el tiempo en los buenos y en los malos momentos, pero llega un momento donde van y lo dejan abandonado. Tratamos de darles una buena calidad de vida con su medicamento y todo hasta el día en que no puedan más. Esos perros son completamente felices, solo se preocupan por descansar.

¿En tu casa tienen perros?
En mi casa vivo con mi papá, tenemos 9 perros y 3 gatos. Tengo uno del último rescate que hice hace unos tres meses en el panóptico. Es un perrito cuya cabeza estaba comida por gusanos y la pata la tenía al revés porque lo había atropellado un carro, así estaba caminando, como un loco, y nadie lo socorría. Lo rescaté, está recuperado de su cabeza, pero sigue con un poco de anemia. Mi papá siempre dice: “¿Otro perro?”. Todos tienen una historia no tan buena, pero han llegado, se han quedado en el corazón y mi papá luego dice: “Qué pesar devolverlo, déjelo aquí”. Entonces, él los ama también, de lo contrario, no me ayudaría.
¿Hacen rescate de perros para el refugio?
En este momento casi no hacemos rescate. Antes si atendíamos muchos llamados, pero llegamos a pensar que esta es una obligación de la Alcaldía y Gobernación. Debe haber una condición crítica para ayudarlos porque, desafortunadamente, no hay muchas adopciones.
Nos reímos porque decimos: “Vamos a bajar la planta por lo menos a 70 y saquemos 30 en adopción para darle oportunidad a otros 10 o 15 que estén en mal estado, sin volver al número que teníamos”. Pero, adoptamos 1 y recibimos 2 porque, desafortunadamente, hay tantas llamadas…Recibimos a veces 30 a 40 llamadas pidiendo oportunidades: que lo maltrataron, que le pegaron, que lleva 8 días en la calle, que lo tienen amarrado, ya no sabemos cómo ayudar más. Ya ni siquiera tenemos que ir a la calle a sacarlos. No tenemos la capacidad económica para mantener a tantos, no sé cómo lo hacemos realmente. Todos los días se comen un promedio de 40 kilos, que cuestan 120.000 pesos, también, les damos sopa y eso involucra 25.000 pesos. Entonces, todos los días nos estamos gastando un promedio de 150.000 pesos.

¿Cuál ha sido el caso de un rescate que te haga enorgullecer?
Siempre lo recuerdo con mucho cariño, es un perrito que recogimos en la clínica Medicadiz, se llama Pirulito. Dormía ahí afuera y tenía un cáncer en el pene, junto con él recogimos otros 5, los envenenaron un poco y él se salvó. Lo sacamos de ahí, le hicimos el tratamiento, evolucionó muy bien con el cáncer. Es un perro viejo, de unos 5 o 6 años. Un muchacho lo adoptó y se lo llevó a Bogotá porque trabaja allá. Era un perro huraño, yo pensé que no iba a salir del refugio; pero tuvo química con él; ahora salta y juega. Yo siempre digo que nosotros no somos lo que adoptamos, ellos nos adoptan a nosotros.
¿La gente tiene preferencias a la hora de adoptar?
La gente no quiere adoptar perros criollos y de tamaño grande. Las viviendas son pequeñas, entonces, todos creen que por tener un perro grande es muy complejo: come mucho y hay que sacarlo varias veces, cuando la situación es la misma; a un perro pequeño siempre tocará sacarlo. De pronto, los grandes comen un poco más que los pequeños, pero son más juiciosos.
Fuera de eso, me siguen pidiendo perros de raza. Pensamos que tener un perro de raza nos da estatus y nos hace mejores personas, la gente muere por los perros así. Entonces, a esas personas les decimos: si ustedes aman a los animales ¿por qué no recogen a uno que hay ahí, lo recuperan y lo hacen como suyo? Todavía no hemos salido a mirar la cantidad de perros que hay en situación de calle muriendo de hambre, por enfermedades; pasamos al pie y no nos damos cuenta.

¿Cómo hace para saber si la familia que quiere adoptar un perro es confiable?
Si tú me dices a mí: “Quiero adoptar, mándeme foto”, yo le digo: “Vaya al refugio”. Primero, eso permite que yo conozca a la persona y la relación que tiene con los perros. Hay mucha gente que dice: “No, yo no entro”, y hay otra gente que dice: “Sí, a mí me gustan los perros” y me doy cuenta cuando van al refugio, porque no les importa que les pongan la pata y que los laman. Eso me da el primer paso para decidir una adopción, porque ahí veo si puede haber un cariño hacia al perro o si definitivamente no.
El siguiente link es la página web del refugio : https://elcampitodekathy.org/




